lunes, 30 de junio de 2014

Viaje al corazón del Instituto Nacional

A los alumnos de séptimo básico que recién llegan al Instituto Nacional les dicen que andan “moros”, porque todavía no tienen su corazón en el que muchos consideran el mejor colegio público de Chile. Incluso, les prohíben usar la insignia. Primero, tienen que empaparse de lo que es ser institutano.
Es en una solemne ceremonia, a poco más de un mes de iniciado el año escolar, cuando los alumnos de cuarto medio ponen en la chaqueta de cada joven el emblemático distintivo que lleva la I y la N bordada sobre los colores patrios.
Los símbolos abundan en el Instituto Nacional y los elegidos son pocos. Todos los años postulan más de 2.500 alumnos para apenas 660 vacantes que se abren en séptimo básico, el grado con que se inicia la educación en este establecimiento, que en 2013 cumplió 200 años.
Son 4.179 alumnos y 178 profesores los que circulan por sus aulas. En la última PSU tuvieron 20 puntajes nacionales y se catapultaron, una vez más, como el colegio de Chile con más notas máximas. Nadie duda de que es un privilegio educarse acá, pero también un desafío.
Al cierre de este reportaje sumaban casi un mes sin clases entre tomas, desalojo y el “estado de movilización” que decretaron sus estudiantes. Todavía no estaba definido si votarían una nueva toma tras el desalojo que sufrieron el viernes 13 de junio por orden de la Municipalidad de Santiago, por faltar al protocolo de votaciones.
¿Quiénes son, qué piensan y por qué luchan estos estudiantes que reciben una de las mejores educaciones de Chile? Esto es lo que encontramos.
No es un colegio cualquiera
El rector subrogante, Fernando Pérez, describe a sus alumnos como “reflexivos, muy críticos, francos, directos, de una sola línea, de palabra”. “Muchos aquí tienen proyección de liderazgo juvenil”, aporta el vicerrector, Mario Vega.
Una profesora que llegó el año pasado a hacer clases desde un colegio particular subvencionado, recuerda que “el primer día, los alumnos no sólo me preguntaron mi nombre, sino de qué partido político era, si había votado en la última elección, qué pensaba del Gobierno y qué religión profesaba. Me di cuenta inmediatamente de que éste no era un colegio cualquiera”.
“Estos chicos tienen una preocupación país. Se sienten con el mérito de estar acá, pero al mismo tiempo con la responsabilidad de apadrinar a los que no tienen esa suerte”, nos cuenta una maestra que ha visto pasar a decenas de generaciones en sus veinticinco años en el Instituto.
La directora de Educación de la Municipalidad de Santiago, María Luisa Rivera, admite que se trata de “jóvenes con sentido crítico pero, además, participativos y opinantes, provenientes de familias de estratos medio y medio bajo”.
Aunque a ojos de la opinión pública poco se ha entendido la última movilización (fue criticada incluso por Camila Vallejo), quienes conviven a diario con estos alumnos dicen que “no podría ser distinto. Están siendo educados con la responsabilidad de tener opinión y contribuir al país”, sentencia un docente.
“Apenas uno llega a este colegio te empiezas a politizar, a interesarte en todo lo que pasa. Hay mucha educación cívica, los profesores te ayudan en eso. Aquí ya no eres sólo un estudiante, adquieres responsabilidades con el resto”, sostiene Benjamín Sánchez, miembro de la coordinadora de octavos básicos.

Las demandas

El presidente del Centro de Alumnos del Instituto Nacional (CAIN), Xavier Opazo, afirma que la reforma educacional que impulsa el Gobierno es un avance, pero “no logra la profundidad para el cambio del sistema”.
El CAIN alega que poco se habla de calidad en la propuesta del ministro Eyzaguirre. Sugieren que el fin de la selección empiece a operar sólo cuando se mejore la educación pública y exigen una nueva carrera docente, entre sus principales demandas.
“La reforma educacional, hasta ahora es puro maquillaje, es de cartón, ataca más temas económicos que de calidad, que es donde está el problema”, agrega Benjamín González de 8ºA.

El fin de la selección es algo que les atañe directamente, pero les molesta que sus quejas se lean como si estuvieran defendiendo su propia parcela. No entienden que se elimine este proceso antes de elevar la calidad de todos los establecimientos. Siguen oponiéndose, además, al ranking de notas, que los perjudica debido a que no es lo mismo sacar un 6 acá que en otros colegios de menor exigencia.
Una profesora pone las cosas de este modo: “Son los padres los que nos seleccionan, no tenemos capacidad para recibir a todos los alumnos, estamos obligados a tomar una prueba”. En estricto rigor, no hay ningún tipo de discriminación para dar la prueba de admisión, ni siquiera promedio mínimo de notas y la evaluación no es de conocimientos, sino de habilidades y aptitudes con preguntas del tipo. ¿Cuántos triángulos se pueden hacer con 18 fósforos?  Se mide si el joven intentó responder todo o prefirió abandonar preguntas, pues eso, advierte un docente, “también nos habla de la personalidad del alumno”.
El vicerrector Mario Vega revela que el Instituto tiene entre un 25% y 28% de alumnos vulnerables.  Claro que ahora ha ganado fuerza el debate sobre la segregación por sexo que realiza este establecimiento, al igual que otros liceos emblemáticos: sólo se admiten hombres.
La izquierda
Todas las decisiones sobre tomas, paros y movilizaciones se definen votando. Se gana por mayoría absoluta y con un quórum mínimo de votos que supera el 50% del alumnado. Existe un Tribunal Calificador de Elecciones y en la última votación casi el 60% apoyó la toma. “Acá se ejerce la democracia, no sólo porque se votan todas las decisiones, sino que se realizan foros, jornadas reflexivas, etc.”, cuenta Benjamín González.
El actual Centro de Alumnos fue elegido en abril y si bien su presidente milita en las Juventudes Socialistas, no todos los integrantes tienen partido político conocido.
Vencieron por pocos votos a la lista que lideraban las Juventudes Comunistas, cercanas al Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) ligado a la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), Melissa Sepúlveda.
Entre los estudiantes más extremos, hay recelo por cómo seguirá enfrentando la discusión educacional esta directiva, pues sienten que el hecho de que su presidente pertenezca a un partido de la Nueva Mayoría le quita autonomía al actual CAIN.

El 40 por ciento
Como en toda historia, en el otro lado de las movilizaciones está el 40% que no apoya las tomas.
“Hago un esfuerzo tremendo por traer a mi hijo a este colegio y en los tres años que lleva, no ha tenido todas las clases que debería. Han perdido mucho académicamente. Los papás nos organizamos y los que podemos pagamos clases que se realizan afuera del colegio. Tres mil pesos por las de matemáticas y lo mismo por las de lenguaje, para que los niños no pierdan tanto”, cuenta una apoderada de primero medio.
“Muchos queremos estudiar, estamos de acuerdo con protestar, con hacer ver nuestro descontento con la reforma educacional que llevamos tantos años esperando, pero de otra forma, sin perder clases. Nos estamos perjudicando nosotros mismos”, agrega un alumno de tercero medio.
El Centro de Padres, que tiene un activo rol en el colegio, ha rechazado tajantemente las últimas tomas y movilizaciones. “Manifestamos nuestro rechazo absoluto a este tipo de acciones, que consideramos ya han perdido el sentido por la cual en algún momento nacieron”.
Hace un par de semanas, tras conocerse el resultado del Simce 2013 se desató una fuerte discusión al interior del colegio, pues tanto en comprensión lectora como en matemáticas se observaron importantes bajas. “La baja en el Simce se debe a que el año pasado hubo un llamado a boicotear la prueba, no creemos en ese tipo de mediciones”, revela un alumno, lo que es avalado por una profesora que fue testigo de cómo grupos importantes de alumnos dejaron literalmente la prueba en blanco.
Así y todo, hay preocupación de una buena parte de apoderados y alumnos por la pérdida de aprendizaje. El propio rector subrogante, Fernando Pérez, advierte que “de permanecer tomas muy prolongadas, los rendimientos van a ir decreciendo”.
Desde la municipalidad, en todo caso, le ponen paños fríos a ese debate: “Para nosotros la calidad de la educación va más allá del Simce, se relaciona también con la participación y la toma de decisiones democráticas, el desarrollo de las habilidades artísticas, deportivas, culturales, que permitan a nuestros estudiantes tener una visión sistémica de la sociedad y no sesgada desde las pruebas estandarizadas”.

Año duro

Las autoridades saben que 2014 será complejo. El rector Pérez admite que “estamos propiciando un diálogo con todos los estamentos del establecimiento, incluidos los padres y apoderados, los asistentes de la educación, profesores y estudiantes, para ver cómo enfrentamos este complejo panorama. Sobre todo, porque la queja de nuestros estudiantes está direccionada en su mayoría a la reforma educacional y no a cosas internas que estén en nuestras manos”.
Por lo pronto, abogan por definir democráticamente un calendario, incluidas votaciones, para que todos los actores sepan a qué atenerse. Desde la Municipalidad de Santiago anuncian que sólo se respetarán las movilizaciones que se realicen vía votación democrática y quórums preestablecidos.
“Así se ha hecho cada vez que hemos tenido tomas aprobadas, buscando llegar a acuerdos hasta lograr que los estudiantes resuelvan deponer la ocupación. Cuando no se han cumplido esos requisitos, hemos ejercido la autoridad para normalizar los establecimientos”, señala Rivera.
Saben que la mano viene dura: “Estamos haciendo por las generaciones futuras lo que no hicieron por nosotros las que nos antecedieron”, sentencia Benjamín González. 

El nombre

En el petitorio estudiantil del Instituto Nacional también hay demandas internas, las mismas que fueron acordadas por toda la comunidad en un claustro que se realizó en agosto del 2013 y que aún no tienen respuesta definitiva.
Entre lo acordado figura el cambio de nombre del colegio. Exigen volver a sus orígenes como Instituto Nacional de Chile, como se llamó hasta antes del gobierno militar cuando se le agregó José Miguel Carrera. El rector y la municipalidad aseguran que eso ya está en marcha y la solicitud en proceso al interior del Ministerio de Educación.
Otra demanda apunta a la creación de un nuevo electivo artístico cultural, que se sumaría a la opción de lenguaje, matemáticas y biología que pueden seguir los alumnos en tercero y cuarto medio.
Producto de ese claustro, este año partió el electivo de mapudungun, que se suma al francés, alemán y chino mandarín que ya existen como opción de idioma, además del inglés obligatorio. Según datos del Ministerio, cerca de un 20% de los alumnos del Instituto Nacional reconocen tener relación con algún pueblo originario.
Otro tema complejo del que quieren ser parte los estudiantes es la elección del nuevo rector. El actual, Fernando Pérez, asumió como subrogante a mediados del año pasado, luego de que la Alta Dirección Pública declarara desierto el concurso en el que participaron sólo 15 postulantes. El 27 de abril pasado se llamó a un nuevo concurso que debería durar alrededor de cuatro meses. El rector Pérez también está postulando.

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