sábado, 21 de diciembre de 2013

Economía y Negocios: el Guantánamo de la Universidad de Chile

En Chile, decir “lo público” remite casi inmediatamente a la Universidad de Chile. Desde su fundación en 1842, se ha erguido como una institución que, creada al alero del Estado, responde y se hace cargo de las necesidades del país. Su prestigio reconocido a nivel global y el papel que ha jugado a través de los años la convierten en el establecimiento estatal que mejor encarna estos valores.
Sin embargo, dicho direccionamiento cambió para todos los establecimientos educativos con el Golpe de Estado de 1973. Durante los siguientes 17 años de dictadura militar, intentaron desmembrar la universidad, quitándole todas sus sedes regionales y queriendo terminar definitivamente con su ala más crítica, específicamente la Facultad de Humanidades y, en favor de la instauración y la perpetuación del modelo neoliberal, también la de Economía Política.
Esta última facultad, al igual que el resto de la institución en el gobierno de la Unidad Popular, estaba orientada a generar conocimiento que sirviera al avance del país. Incluso desde finales de los 60, se pensaba críticamente el proceso económico que llevaba Chile, convirtiéndose Economía y Ciencias Sociales en una de las carreras más importantes impartidas por dicha casa de estudios.
Por contraparte, la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (FACEA), más ligada a la derecha ideológica, acentuaba las contradicciones al interior, terminando en la separación física de la Facultad de Economía Política, de tendencias más cercanas al marxismo, en 1972.
Con la llegada del régimen de Pinochet, los enfoques de enseñanza de la economía adquirieron un matiz más cercano al estilo de los Chicago Boys y el sistema neoliberal. El decano de entonces, Roberto Pizarro Hofer, emigró a Argentina a dictar clases, donde fue detenido en el marco de la Operación Cóndor.  Posterior a él, vinieron en el cargo fieles representantes de la derecha más conservadora, previo cierre de la facultad de Economía Política en 1973 con el traslado de sus alumnos al FACEA.
Mario Gómez Puig, fue el primer decano en asumir luego del golpe, designado por el dictador. Le siguió Jorge Selume en 1981, empresario de origen palestino que ocupó el cargo de Director de Presupuestos de Chile durante el gobierno de facto de Pinochet, quien realizó estudios de posgrado en la Universidad de Chicago. Estuvo en el cargo hasta 1985, año en que Sergio Melnick Israel, empresario que trabajó en diversos cargos públicos en la dictadura incluyendo el de Ministro de Planificación, se empezó a desempeñar en el puesto.
El espíritu que alguna vez imperó en la Facultad se perdió en gran medida. Si otrora los conocimientos de la economía se robustecían desde una perspectiva crítica, el autoritarismo y la imposición de nuevas prácticas políticas terminaron por desviar los ejes de estudio a unos profundamente ligados a la libre competencia, el emprendimiento y la conservación del neoliberalismo, casi a modo de dogma.
Las donaciones del poder
Con la llegada de la democracia en 1990, inició un proceso de revisión de la facultad, llevándose a cabo cambios en materia de infraestructura y mallas curriculares. Entre 2002 y 2003, se iniciaron dos procesos judiciales en contra de los exdecanos, Ricardo Paredes y Nassir Sapag, respectivamente, bajo cargos de estafa al Fisco y firma de autocontratos.
Estos incidentes le significaron al FACEA un fuerte golpe a su imagen, tomando su entonces decano Joseph Ramos la determinación de cambiar la percepción pública de la escuela, que se pasó a llamar Facultad de Economía y Negocios (FEN).
Hoy en día, la FEN es el brazo empresarial que penetró de manera brutal en las entrañas de la Universidad de Chile. El 25 de mayo de 2006, se inauguró el edificio Tecnoaulas Corpbanca Hall, evento que fue presentado por la página web de la facultad como “uno de los más top del año“.  ¿Es pertinente que el edificio de la principal pública del país lleve el nombre de un grupo económico?
Pero la construcción de este edificio no ha sido la única intervención simbólica del empresariado dentro de la facultad. En noviembre del año 2010, se llevó a cabo la inauguración de la Biblioteca Andrónico Luksic A., con un millonario aporte de la Fundación Luksic. La ocasión contó con la presencia de influyentes personalidades del mundo empresarial, además del exdecano y entonces Ministro de Transportes y Telecomunicaciones del gobierno de Sebastián Piñera, Felipe Morandé.
Durante la ceremonia, según indica el portal de la FEN, el decano Manuel Agosín “destacó el espíritu emprendedor y la oportunidad que el destacado empresario Andrónico Luksic siempre le dio a tanta gente a través del trabajo y que ahora a través de este mismo sentido de dar mayores y mejores oportunidades, el aporte de la Fundación servirá para optimizar el estándar de estudio de nuestros alumnos”. (Fuente: Portal FEN).
Estos hechos resultan chocantes para buena arte de la comunidad universitaria. Margarita Iglesias, directora Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Humanidades, cuestiona fuertemente esta realidad: “Creo que el hecho de que hoy la Facultad de Economía y Negocios que tenga esas salas financiadas por grupos financieros que condicionan en alguna parte la creación del saber, es parte de las pérdidas que tuvo la universidad en su independencia, parte de le neoliberalización de toda la universidad, que es más fuerte en la FEN“.
“A mí me molesta enormemente ir a esa facultad y tener que sentarme en un auditorio que financia Luksic, o que Corpbanca tenga cajeros al interior de la facultad, o que tengamos que pagar por los estacionamientos. Me molesta  que ellos hagan parte de un conglomerado a toda la universidad”, agregó la académica.
“ todas las universidades públicas están empujadas a un proceso de privatización  y, claro, hay lugares donde se logra hacerlo con éxito y por tanto se ve riqueza, opulencia, supuesto desarrollo. Porque finalmente tener que estar al servicio de los intereses económicos no es ningún desarrollo educativo”.
A su vez, la neoliberalización de la que habla Iglesias no responde solamente a la construcción de edificios financiados por magnates privados, sino que todo el desarrollo del conocimiento también se ve condicionado a estandarizaciones mercantiles, concursos por fondos de investigación y, finalmente, decrecimiento del pensamiento crítico en favor de exigencias de revistas indexadas.
A la Universidad de Chile le fueron arrebatados los principales fondos para realizar investigación académica, que pasaron a ser de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica de Chile (Conicyt), entidad donde las diferentes casas de estudios del país entran en concurso para la designación de montos específicos.
Por su parte, Alberto Mayol, sociólogo y magíster en ciencia política de la Universidad de Chile, ve en el fenómeno de la FEN un escenario más bien generalizado: “ todas las universidades públicas están empujadas a un proceso de privatización  y, claro, hay lugares donde se logra hacerlo con éxito y por tanto se ve riqueza, opulencia, supuesto desarrollo. Porque finalmente tener que estar al servicio de los intereses económicos no es ningún desarrollo educativo“.
La forma en que las universidades están obligadas a autofinanciarse, tienen graves consecuencias en la calidad de la educación que reciben los estudiantes. En ese sentido, el aprovechamiento de grupos que concentran dinero y poder para penetrar las universidades resulta evidentemente más sencillo, en tanto se profundizan los niveles de precarización de la educación.
“Se ven edificios, aulas tecnológicas, una serie de cosas que parecen importante o que cosméticamente se vislumbran como positivas, pero que en realidad no hablan sino del retroceso de la educación pública en Chile”, declaró Mayol. Además, agregó: “creo que ahí hay algunos proyectos de investigación y trabajos que son muy interesantes, tal y como hay otros que se cierran a satisfacer los intereses de una determinada visión de la sociedad, por tanto creo que el problema de fondo está ligado a la  lógica de la universidad y no sólo en la FEN. Claro, lo más evidente, lo más brutal es allí, pero es algo que no le resulta exclusivo a dicha facultad”.
En el imaginario, existe una percepción de que la FEN es un espacio reaccionario a las demandas sociales y estudiantiles dentro de la Universidad de Chile. Al respecto, Eugenio Figueroa, director ejecutivo del Centro Nacional del Medio Ambiente U. de Chile y profesor asociado de la facultad, explicó: “hay grupos pequeños que tratan de vender la imagen de que la facultad es conservadora. Yo diría que hay una percepción sesgada en esos términos”.
“Podemos pensar en cuánta independencia tenemos los investigadores. Lamento mucho que nuestros trabajos sean financiados por privados y restrinjan así nuestras libertades académicas”
Figueroa dice que en la facultad “se tiene mayor consciencia del valor del tiempo”, razón por la cual no ha estado a la par en cuanto a los períodos de movilización a nivel nacional. Sin embargo, argumenta que se discuten y hablan todos los temas país. “No es reaccionaria o contraria a las expresiones ciudadanas”, afirmó.
Ahora bien, asume los costos que existen para los académicos que quieren hacer investigación y se ven financiados por fondos que en su mayoría son de privados: “Podemos pensar en cuánta independencia tenemos los investigadores. Lamento mucho que nuestros trabajos sean financiados por privados y restrinjan así nuestras libertades académicas”.
Procesos de movilización
La actividad política de la FEN también ha estado marcada por llevar los procesos del movimiento estudiantil a un ritmo un poco menos acelerado que el resto de la universidad. Ejemplo de ello es que en 2011, con decenas de establecimientos de educación superior tomados desde el primer semestre, la FEN decidiera unirse al paro recién el 8 de agosto.
Un escenario similar se vio durante las protestas de inicios de 2013. Javiera Reyes, presidenta del Centro de Estudiantes de Ingeniería Comercial de la Universidad, se refirió a esto: ” evidentemente los procesos que se han llevado en FEN son distintos a los de las demás facultades, pero es fundamental entender que gran parte de estos procesos han ido en la misma dirección de las demandas del movimiento, con altos grados de organización y participación dentro del estudiantado”.
Respecto a la inversión privada dentro de la facultad, afirmó: “es un tema que causa contradicciones en el sentido público de la facultad debido a la participación que tienen los grandes grupos económicos, lo cual es parte de la intensión privatizadora del actual modelo de educación orientado al mercado. Los estudiantes daremos las discusiones que competen a cómo el Estado debe financiar  la Universidad pública y cómo podemos aportar y construir la educación que Chile merece”.

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