sábado, 3 de agosto de 2013

“La mitad de los presidentes de las 100 empresas más grandes de Chile viene de 5 colegios privados”

El profesor de gobierno de la Universidad de Harvard, James Robinson, quien es autor junto a Daron Acemoglu del libro “Por qué fracasan los países”, cuestiona las estructuras de las elites chilenas y apunta a cinco colegios VIP de ser “instituciones informales que controlan el acceso y el ejercicio del poder político”, los cuales llevan a que las instituciones políticas nacionales “sean mucho menos inclusivas de lo que aparentan ser en el papel”.
En entrevista que publica revista Qué Pasa y que fue hecha por el presidente de la fundación Espacio Público, Eduardo Engel, Robinson señala que el desmontaje de los monopolios en Estados Unidos fue posible porque sus instituciones son mucho más inclusivas y “el poder político estaba más esparcido, de forma tal que el interés particular de los monopolistas no podía dominar toda la política, aunque ciertamente lo intentaron. Y la presión popular obligó a Roosevelt a actuar. Además, el Estado era suficientemente poderoso para aplicar y poner en práctica la legislación antimonopolio”.
Sobre este punto, el profesor señala que el modelo explica por qué Chile ha tenido un mejor desempeño económico que la mayoría de América Latina, pero también por qué no se ha convertido en un país rico.
“En comparación con los países que eran el núcleo del sistema colonial español, Chile tenía un menor número de indígenas a los cuales explotar, de modo que se volvió una sociedad de colonos, un poco al estilo de Estados Unidos. Debido a la naturaleza de su sociedad indígena, resultaba difícil explotar a los mapuches, al igual como sucedió con los sioux y otros nativos americanos de las grandes planicies norteamericanas”, sostiene.
Y añade que Chile sigue siendo más pobre que Estados Unidos, debido a que “sigue siendo parte de las redes de monopolios y restricciones al comercio y otras externalidades negativas del sistema colonial español”.
El académico sostiene que en el siglo XX se “observan divisiones políticas que se parecen a las de países europeos que a las de latinoamericanos. Incluso el populismo durante Allende es mucho menos clientelista que el populismo en Venezuela o Perú. Pero, por otro lado, existen las mismas presiones para hacer reformas agrarias, niveles de inequidad altísimos y una sociedad bastante clasista y elitista”.
Desde su percepción, le llama la atención que la mitad de los presidentes de las 100 empresas más grandes del país fueron “sólo a cinco colegios privados en Santiago”.
Además, cree que las instituciones extractivas (que benefician el status quo e inhiben la innovación y la destrucción creativa) llevan a un crecimiento menor en el largo plazo y explica que “no se trata sólo de instituciones formales. También existen estas instituciones informales que controlan el acceso y el ejercicio del poder político”.
“Hay muchas fuentes de poder en una sociedad, y creo que el dominio de los colegios de elite, que tiene raíces profundas, demuestra que existen instituciones informales, que podemos llamar redes sociales, que llevan a que las instituciones políticas chilenas sean mucho menos inclusivas de lo que aparentan ser en el papel”, sostiene.
Robinson también menciona que los críticos al sistema neoliberal son una coalición “curiosa” entre la izquierda y los monopolios locales y “el énfasis que Chile pone en las redes educacionales es un aspecto importante para crear una sociedad más inclusiva. Y Chile está mucho más cerca de ello que la mayoría de los países de la región. Pero romper el tipo de redes informales del poder que mencionaba antes es algo mucho más difícil que cambiar el sistema electoral”.
El profesor de Harvard insiste en que Chile es diferente y al mismo tiempo similar a sus vecinos en la región, afirmando que en el caso chileno “el Estado puede proveer bienes básicos, tales como leyes y orden público, y asignar las rentas de sus recursos naturales en una dirección socialmente deseable”.
Asimismo, plantea una hipótesis para explicar por qué el crecimiento en Chile se aceleró a partir de 1985, afirmando que el “efecto dual de Allende y Pinochet rompió con el poder de algunas –no todas- elites extractivas o al menos les arrebató algunos de sus instrumentos”.
Y añade que el éxito chileno en la agroindustria se debe a una combinación de la reforma agraria en los años 60 y la liberalización de mercados de los 80.
“Hay quienes otorgan a Pinochet el mérito por haber terminado con sectores económicos ineficientes. Pero no veo cómo este dinamismo en el sector agrícola que Chile ha experimentado en los últimos 30 años pudo haber ocurrido su Allende y Frei no hubieran disuelto a gran parte de la elite extractiva del sector rural. El cambio en la curva de crecimiento necesitaba de estos dos tipos de políticas”, menciona.
Respecto a las manifestaciones masivas en más de 20 países durante el 2001, Robinson sostiene que estas naciones aún persisten instituciones extractivas, por lo que “el año del descontento fue definitivamente un año de protestas en contra de los elementos extractivos de la sociedad. Y me parece que eso es muy saludable”.

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