miércoles, 21 de agosto de 2013

Analizando el Simce 2012 lejos de la fiesta

En torno al SIMCE nadie queda indiferente. Anualmente el gobierno de turno intenta transformarlo en un hecho político y sus resultados convocan la expectación de la opinión pública. Nadie discute el rigor y seriedad técnica en el diseño del instrumento, no obstante, el debate es intenso a la hora del análisis cualitativo de los resultados. Cuando llegamos al momento en que debemos indagar sobre las verdaderas razones que se encuentran tras el “éxito” o el “fracaso”, vemos que es alto el riesgo de caer en reduccionismos que distorsionen nuestra comprensión de una realidad compleja.
Diversas razones y de naturaleza muy distinta pueden estar en la base de un buen puntaje SIMCE. Por cierto, podrá estar la mejora en la calidad de prácticas pedagógicas, pero también podrá ser el mecanismo de selección de estudiantes, el origen socio económico de las familias o el capital cultural que el niño o niña hayan tenido la oportunidad de construir desde la cuna.
Ahí es donde surgen reflexiones críticas en relación al impacto de esta medición estandarizada nacional y censal, que cada vez más se lee como “sinónimo de educación de calidad” y que, a su vez, pareciera limitarnos en las preguntas sobre el “sentido educativo”, quitándonos el espacio para pensar en “por qué educar” y “para qué”.

LOS RESULTADOS DEL SIMCE 2012

Sobre el progreso significativo de 9 puntos en el SIMCE Matemática de 2º medio y la mantención del puntaje en Lenguaje, así como el estancamiento en los resultados generales de 4º básico habrá que profundizar con más evidencias. No obstante, saltan nuevamente a la vista correlaciones que van más a allá de puntos más o puntos menos: seguimos observando resultados absolutamente coincidentes con la segmentación social de nuestras escuelas. La brecha parece disminuir escasamente, pero más que por la mejora de los sectores vulnerables, por la baja o el estancamiento de los sectores medios 
El SIMCE vuelve a mostrarnos un país segregado y una educación segmentada. Los resultados distan de indicar mejorías de calidad significativa y perdurable. Por si fuera poco, persistentemente el análisis de resultados SIMCE demuestra que los niños y niñas que vienen de los quintiles de mayor pobreza obtienen mejores resultados en colegios municipales, mientras que, paralelamente, cada año se cierra un importante número de estas escuelas, puesto que el sistema de financiamiento (subvención variable por promedio de asistencia y monto insuficiente) termina por quebrarlas.
Además, como todo instrumento evaluativo, el SIMCE tiene importantes limitaciones y no considerarlas al momento de sus análisis hace que la balanza se incline a conclusiones peligrosamente parciales.
Efectivamente, este tipo de mediciones facilitan un requerimiento institucional como es el control del aprendizaje, poniendo en primer plano aquellos aspectos observables en pruebas de selección múltiple, pero a su vez, van dejando de lado procesos que subyacen al aprendizaje y que lo hacen posible, pero que no se pueden evaluar con esta modalidad.Es así como se omiten ejes del currículum tan importantes como la expresión oral y la producción de textos, entre otros.
Por la necesidad de control la escuela va permitiendo que el reinado absoluto del SIMCE prescriba la didáctica. Se confunden las limitaciones de un instrumento evaluativo con las prioridades de la educación y así es como competencias intelectuales fundamentales, procedimentales y actitudinales van quedando de lado en la cultura escolar, y vamos desnaturalizando el aprendizaje, distanciándolo de su uso social y, por consiguiente, vamos perdiendo el sentido.
En el último SIMCE 2012 se incorporó una nueva prueba de comprensión lectora en 2º básico, de la que todavía no se tiene información y no se conocen sus resultados. Esta opción política de seguir aumentando mediciones exige altos costos en recursos públicos, mientras se deja de invertir en condiciones docentes para facilitar la enseñanza y los aprendizajes, como por ejemplo, el aumentar el tiempo no lectivo de los profesores y el disminuir el número de alumnos por curso.
“Puesto que el ser humano ha venido a este mundo para vivir, la escuela debiera prepararlo para la vida”, afirmaba José Martí en su “Ideario Pedagógico”. Si Chile sigue apostando a que el mejoramiento educativo vendrá de la mano de la presión sobre el sistema escolar y la inundación de evaluaciones, continuaremos construyendo una escuela que pierde su propósito y que no responde al requerimiento social que se tiene de ella. Debemos saber leer los resultados del SIMCE en contexto y relacionando el dato con mucha otra información relevante, necesitamos elaborar una nueva versión de la escuela, esa que sirva como antesala a la sociedad que quisiéramos construir.

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