viernes, 5 de julio de 2013

"Pedimos una asignatura que se llame como les dé la gana, pero que hable de otras orientaciones sexuales"

Rubén López es el responsable de relaciones institucionales de la asociación Arcópoli, que trabaja por la equiparación social y legal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB). Arcópoli abrió sus puertas en 2004 con el objetivo de que la orientación sexual de miles de alumnos no constituya un motivo de discriminación. Están presentes en la Universidad Politécnica y la Universidad Complutense de Madrid. Aunque su principal ámbito de actuación es la universidad, cualquier persona está invitada a formar parte del proyecto.
2013 es el año de la Diversidad Sexual y de Género en la Juventud, un año que empezó después de que en noviembre de 2012 el Tribunal Constitucional avalase por mayoría la Ley del matrimonio homosexual. Sin duda, supuso un paso crucial hacia la igualdad legal pero queda mucho por hacer para conseguir la igualdad real. En este sentido, los jóvenes constituyen el motor del cambio pero también representan un sector muy golpeado por la homofobia, el acoso y el rechazo.
En estos casi 10 años de trabajo en el ámbito universitario, ¿qué ha cambiado en lo referente a la situación del colectivo de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales en las aulas?
Hay más gente visible de la que había antes, pero sigue habiendo muchos problemas. Aquí  la gente ve una necesidad muy grande. Ahora mismo, estamos recibiendo muchas quejas desde la Facultad de Educación de la Universidad Complutense. Algunos de los docentes universitarios que están formando a los futuros profesores hablan de la homosexualidad como una enfermedad. Nosotros hemos puesto carteles denunciando estos casos y pidiendo a los alumnos que se hagan eco de la situación, pero la gente tiene mucho miedo de señalar al profesor que les va a evaluar mañana y desde la facultad nos han dicho que nuestro acto es inquisitivo porque cada uno puede pensar lo que quiera.
2013 es un año dedicado a los jóvenes y, entre otras cosas, la celebración del Orgullo Gay de esta edición lleva por lema "Jóvenes sin armarios". ¿Son los jóvenes más vulnerables que otros sectores?
Entre los jóvenes hay un problema muy grave que es la comunidad. Ya sea en el colegio, en el instituto o en la universidad, se enfrentan a los demás bajo una presión muy fuerte. Un 43% de jóvenes que sufren homofobia ha pensado en el suicidio y un 17% de ellos llega a prepararlo, por eso creemos que el con el lema ‘Juventud sin armarios' podemos ayudar a muchos jóvenes que no se quieren aceptar porque tienen una homofobia interiorizada enorme. Si ven la manifestación en la tele o fotos en el periódico les puedes crear un interrogante, un sentimiento de querer estar ahí, que les dé fuerza para salir del armario.
 ¿Qué casos son los que más se repiten entre los jóvenes que acuden a la asociación en busca de asesoramiento o ayuda?
Hay mucha gente que viene cuando ha sufrido un caso de homofobia. Cuando de repente surge directamente en las aulas. Entonces acuden a la asociación a ver lo que pueden conocer, lo que pueden hacer para mejorar y lo que se conocen a sí mismos. Agresiones hay, y muy poquita gente se atreve a denunciar. Existen casos de una homofobia espeluznante, como el de un chico al que echaron de su colegio mayor. Lo primero que hay que hacer es conseguir que los afectados sean conscientes de que es un trato que nadie se merece. Mucha gente empieza a ver que no tiene que seguir la norma, sino que tienen que ser ellos mismos y ser felices porque son igual que los demás. Aquí viene gente a partir de 17, 18 años. Es un momento en el que estás experimentando muchas cosas y esa libertad se agradece porque la gente viene con sus miedos y con sus tabús. La soledad de las personas LGTB puede ser abrumadora.
Un estudio del colectivo COGAM ha adelantado que un 81% de alumnos de secundaria que se definen como gays, lesbianas o bisexuales opta por mantener su condición sexual en secreto por miedo al rechazo y el acoso de sus compañeros. ¿Este  porcentaje cambia al llegar a la universidad?
Sí que hay un cambio, en el sentido de que al llegar a la universidad te libras del yugo familiar y la familia ejerce menos control sobre lo que haces en clase. En este aspecto sí hay más libertad. En la universidad somos más visibles. Sigue habiendo homofobia, sigue habiendo bifobia y las personas transexuales apenas vienen a la universidad. Este es uno de los grandes problemas que tenemos, porque para empezar no las puedes llamar por su nombre. Las personas transexuales están excluidas del sistema educativo y prácticamente muy poquitas son tan fuertes como para poder superar la transfobia y seguir estudiando.
Este mismo estudio asegura que el nivel de acoso por parte de los alumnos aumenta considerablemente entre el 19% de los jóvenes que optan por salir del armario frente a los que ocultan su condición sexual. Por eso llama la atención que un 79% de la población joven se posicione a favor del matrimonio igualitario.
Tenemos dos opciones para entender estas cifras: primero, el hecho de ser políticamente correcto. No hay tanta gente que diga abiertamente  "yo soy homófobo", igual que poca gente reconoce ser racista. Eso no está bien visto en la sociedad, pero no quiere decir que realmente no lo sean. Es decir,  si les preguntas por el matrimonio homosexual muchos no manifestarán rechazo. "Mientras que a mí no me molesten", responderán. Ahora, "cuando yo tengo un gay que está ahí, con su pluma, delante de mí, eso sí me molesta". También está el sentimiento de manada, y cuando todos se juntan el instinto primitivo de marcar al diferente, al gay, la lesbiana, la transexual, al que tiene pluma... entonces la manada va a machacar a esa persona diferente. Esto explica que no encajen los datos.
Si el problema empieza mucho antes de llegar a la universidad, ¿cómo hay que atajarlo?
Lo principal es el profesorado, es la figura que más puede ayudar porque se da cuenta de la situación de esta persona que está marginada, que no es igual que los demás y que lo puede pasar realmente mal. Cuando eres gay lo que más temes es acudir a tus padres y decirles "me han pegado por maricón". El profesorado adquiere un papel muy importante y es necesario que empleen un lenguaje inclusivo. En este sentido, desde que quitaron la asignatura Educación para la Ciudadanía, pedimos una alternativa que se llame como les dé la gana, pero en la que se hable claramente y en voz alta de que hay otras orientaciones sexuales, otras identidades de género y que no eluda la homofobia. El tema tiene que ser tratado por el profesor que es una autoridad para los niños. Es una reivindicación apolítica y me parece una barbaridad que esto haya quedado fuera del programa de la E.S.O. El profesor o profesora tiene que tener, por lo menos, la obligación de hablar de igualdad. La tontería de que un niño de 14 años lo vea escrito en un libro es importantísima.
¿Qué tipo de actividades lleváis a cabo asociaciones como Arcópoli para sensibilizar a la comunidad educativa?
Entre otras cosas se hacen charlas de instituto. Nosotros no tenemos convenio con ninguno en concreto pero cuando nos llaman, vamos. En una charla es muy posible que sea la primera vez que una niña de 16 años ve a una lesbiana que le dice "soy lesbiana". Lo que pasa es que este tipo de charlas a los colegios les cuesta mucho porque las AMPAS ponen trabas. Si una profesora intenta organizar una de estas charlas puede tener problemas si hay algún padre muy conservador.

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