lunes, 1 de julio de 2013

Entuertos sobre el gasto público educativo

En materia educativa es mucho más importante la redistribución del gasto educativo que el incremento presupuestario dedicado a educación, partiendo de dos reglas esenciales por básicas: Primera, la educación es una inversión y no un coste para el Estado; y segunda, el Estado somos todos.
El primer entuerto es considerar que la educación pública y no la privada es la causante del incremento del gasto público, y por lo tanto problema estructural del déficit del Estado. Bélgica, uno de los países europeos con más gasto público en educación en relación con el PIB (6,02%), muy superior al de la media UE (4,96 %), también es el país europeo que más alumnos tiene en la educación privada (45,9 % en pública y 54,1 privada). España es el segundo país (68,6 % en pública y 27,9 privada), siendo el gasto público en educación en relación con el PIB mucho menor (4,35 %). Desde la creencia personal de que en España la educación pública crea defensas de socialización educativa en el esfuerzo de carreras universitarias de fondo y de un empleo de consistencia; y en el hecho que todos nuestros hijos y sobrinos han desarrollado el currículum en centros de educación pública, la educación privada tiene un hueco importante, siempre y cuando represente proyectos de educación innovadora. Lo que no se puede admitir y hay que denunciar, de manera sistemática, es lo que está ocurriendo en autonomías como la de Madrid: Se están transfiriendo fondos de la pública a la privada-concertada, a través de cheques escolares y desgravaciones fiscales, para proyectos decadentes cuyo único objetivo es fortalecer las oligarquías locales, sin ápice de innovación educativa. Cuando muchos de esos chicos y chicas abocan al fracaso, lo primero que hace la privada y concertada es mandarlos a la pública; y los recibimos en los centros públicos sin recursos orientadores para poderles encauzar, siendo la causa esencial del fracaso y abandono escolar prematuro (especialmente en el grado medio de formación profesional). Por lo tanto, detrás de las frías estadísticas, hay una pregunta sin respuesta desde hace décadas: ¿cuántos alumnos con fracaso escolar y abandono prematuro provienen de una ESO en instituciones privadas o concertadas? Importantes estudios sobre el fracaso y el abandono escolar, financiados con fondos públicos no se han atrevido a profundizar en esta tremenda falla del sistema educativo español. ¡Quizás, algún día, Wert nos lo explique!
El segundo entuerto está en creer que hay que primar la financiación de le educación básica por encima de la educación secundaria; y de ésta por encima de la universitaria. La mayor parte de países europeos tienen educación pública casi generalizada; por lo tanto, los que menos tienen abandono educativo temprano apenas tienen educación privada, y la educación pública la tienen redistribuida por igual en los tres niveles: Alemania con un abandono de 11,1% tiene redistribuida la educación pública en 96,4% E. Primaria; 91,5 % E. Secundaria; y 95% en la E. Universitaria. Suecia con 9,5% de abandono escolar tiene una educación pública de 92,7% en E. Primaria; 90.5 en E. Secundaria; y 93,3% en E. Universitaria. El país de mayor porcentaje en abandono escolar, Malta (33,6%) tiene alta tasa de educación privada y la inversión en educación pública muy desigual redistribuida (E. Primaria 60,1%; E. Secundaria 61,3 %; y E. Universitaria 100 %). España se asemeja más al modelo de Malta, con un abandono de 24,7 % tiene una educación pública redistribuida en 68,6 E. Primaria; 67,9 E. Secundaria; y 86,9 E. Universitaria.
El tercer entuerto surge de la herencia histórica del sistema educativo que padecemos: España tiene un importante retraso respecto a los beneficios salariales de la educación recibida. Mientras en EEUU un tercer grado (licenciado) tiene un salario 70% superior al de un titulado de grado medio; en España sólo es superior en 41%. En países sin abandono escolar, esto no sería un problema, porque la motivación no tiene por qué ser sólo salarial. Sin embargo en nuestro país esta falta de estímulo en la formación (“no llega el que sabe; sino el que trepa”) en todos los niveles, está abocando irremediablemente a la pobreza generalizada de trabajadores sin empleo y con formación básica, o nula. La educación universitaria contribuye de manera determinante al incremento del PIB. En Francia, Noruega, Suiza y Reino Unido más del 60% del incremento del PIB (2000-2010) se debe a las rentas de trabajo de titulados universitarios. En España, el porcentaje disminuye en 10 puntos en caso de ser mujer.
El cuarto entuerto está en la conciencia política generalizada que la subida o bajada de tasas, así como la concesión de becas no contribuye de manera determinante al incremento de alumnos universitarios, porque comparando modelos de sistemas educativos encontramos que los países nórdicos tienen altas tasas de ingreso en estudios de tercer grado (70%) con tasas de matrículas muy bajas y porcentajes elevados de ayudas y becas; mientras en EEUU, los alumnos universitarios asumen de manera privada las tremendas tasas de matrícula con préstamos, becas, teniendo un parecido ingreso (74%). En España, hasta ahora, las tasas de matrícula eran moderadas; sin embargo, la tasa de universitarios está en 52%, uno de los más bajos de la UE, porcentaje que puede mermar considerablemente si observamos los tremendos esfuerzos que están haciendo, ahora, muchas familias presionadas por la pobreza, para afrontar un incremento de precios de matrículas, que por poco representativo que sea para la macroeconomía globalizadora, es de una inmoralidad aplastante.
Faltan falacias, entuertos y miserias por describir. Pero la esencia de todas contradicciones es que sobran universitarios. Los que sobran son universitarios con mala formación; o alumnos con formación profesional sin oportunidades de movilización profesional y social, porque no puedan compaginar trabajo y estudios. Y naturalmente, sobran asesores, gestores y políticos sin conocimiento técnico y sensibilidad social, en las altas instancias de empresas, fundaciones y ministerios. Problema estructural que está mermando los cimientos de la sociedad y el Estado, además cobrando unos desorbitados sueldos que en estos momentos ya deberían tener limitado el techo máximo: ¿O tenemos que esperar a otro dictamen de la Comisión Europea como ha ocurrido con el techo de las hipotecas?

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