sábado, 11 de mayo de 2013

Día del estudiante: silencios y conmemoraciones sobre el pasado reciente en la escuela chilena


Este 11 de mayo se conmemora un año más del Día del Alumno instituido en el calendario escolar chileno desde 1990, el cual decretó la posibilidad de reorganización de los centros de estudiantes de los liceos. En el presente año, a esta fecha se suma la conmemoración de cuatro décadas del golpe de estado, período en el cual un número significativo de estudiantes secundarios fueron afectados por la dictadura en sus diversas formas, incluyendo crímenes de lesa humanidad.
En Argentina, país en el cual resido actualmente, fechas como éstas se incorporaron en 2006 al calendario escolar, gracias a la derogación de las políticas de impunidad y olvido durante el gobierno de Kirchner. Así, se conmemora el Día de la Verdad y la Justicia y el Día del estudiante secundario, en recuerdo de un grupo de jóvenes de la Unión de Estudiantes Secundarios, militantes de izquierda. En estas fechas, las escuelas argentinas, principalmente a partir de la iniciativa de sus estudiantes, organizan jornadas de reflexión en torno al valor de la democracia y la memoria del pasado y su valor para las luchas del presente. Sin embargo, ante su institucionalización estatal, Federico Lorenz nos advierte sobre la necesidad de estar atentos a las prácticas de visualización de los oprimidos ya que la exposición literal de los acontecimientos históricos recientes podría entregarlos a un pasado mitológico, una ocasión para entretener y no un espacio para reflexionar.
Recopilando información para mi investigación doctoral relativa al pasado reciente y espacios escolares en Chile, me interrogué por el lugar de esta memoria sobre al menos cincuenta estudiantes secundarios desaparecidos y ejecutados, quienes están registrados en documentos oficiales (Informe Rettig) y sitios virtuales de conmemoración. Es posible advertir que la mayoría de ellos eran varones, con un promedio de edad de 17 años. Al menos la mitad de ellos eran militantes de izquierda (JS, MIR y PC), y vivían con sus padres, tanto en la actual Región Metropolitana como en comunas del sur de Chile (Concepción, Parral, Los Ángeles y Mulchén). Sin embargo, un dato relevante por su ausencia aparece en la revisión: en la gran mayoría de los casos no se identifican las escuelas o liceos a los estos cuales jóvenes pertenecían, como si este dato, el ser estudiante, en los registros de la Comisión de Verdad y Reconciliación no hubiera sido relevante.
En el caso particular de José Flores Araya, 19 años, estudiante maipucino y militante comunista, impactan las circunstancias siniestras del hecho represivo y su actualidad. José fue secuestrado mientras estaba en clases en la Escuela Industrial de Maipú, junto con una compañera y un docente, con el beneplácito del director de la escuela. Respecto de la memoria en torno a lo sucedido, organizaciones de DDHH denunciaron el hecho en las afueras del actual Liceo O´Higginiano durante el año 2001. Esta escuela, subvencionada en la actualidad, fue dirigida hasta años recientes por un militar quien, tras largos años de lucha de los familiares de José, fue condenado en 2010.
A partir de estos registros, me pregunto si en las escuelas en las cuales estaban inscritos estos jóvenes se les recuerda en sus quehaceres y proyectos o bien el olvido sobre ellos aún permanece en el quehacer cotidiano de la institución escolar. En el caso de liceos emblemáticos de la ciudad de Santiago, se conocen experiencias de conmemoración con diversas formas, las cuales podrían aludir a las características especificas de la cultura institucional de los liceos. En el caso del Instituto Nacional, en 2010 se instituyo a petición de ex estudiantes “el Premio a los Derechos Humanos en Memoria y Homenaje a los 33 Institutanos héroes de la democracia, caídos en defensa de la libertad y la cultura durante la dictadura (1973-1990)” el cual se otorga a estudiantes de 8vo básico que representan los valores de la institución. En este liceo participan tanto estudiantes como directivos, docentes y autoridades en los rituales conmemorativos. En el caso del Liceo Darío Salas, durante el año 2012, se recordó en un acto público a un estudiante y a un profesor, mientras que el Colegio Latinoamericano de Integración y el Liceo de Aplicación se organizan regularmente actos de recuerdo durante el día 28 y 29 de marzo (fecha de secuestro de los profesores Parada y Guerrero y del Joven Combatiente respectivamente). En el último caso, desde hace unos años se está desarrollando la filmación de un documental, en el cual su director intenta “enfrentar mitos sobre el pasado (…) que ayudarán a rescatar sus memorias de entre los escombros y el olvido".
Al respecto de estos ejercicios de memoria, Walter Benjamin nos conmina a solidarizar con el sufrimiento de los vencidos del devenir histórico, a través de la rememoración en el acto de transmisión entre generaciones de dicho sufrimiento. La rememoración sería un acto de justicia y de posible liberación respecto de las condiciones actuales de exclusión. En este sentido, el proceso educativo a partir de la herencia del fracaso, contribuiría a la construcción en el presente de la esperanzas truncadas de los vencidos. Es por ello, que los últimos sucesos referidos a la detención ilegal del estudiante del Liceo Barros Borgoño, César Reyes, nos obliga a reflexionar sobre la actualidad del pasado reciente referido a la violencia política y el modo en que el Estado chileno administra el conflicto social, en particular el trato a niños y jóvenes que exigen mejores condiciones de existencia.
por Evelyn Palma F., 11 de Mayo 2013, Buenos Aires.

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