miércoles, 22 de mayo de 2013

Asamblea constituyente: el miedo inculcado desde Portales


El otro día me encontraba almorzando con un amigo. Mientras hablábamos de política, me indicó que “no podemos permitir que se haga una asamblea constituyente porque no sabemos qué saldrá de ahí”. Yo sólo me dediqué a asentir con una leve sonrisa, ya que de cierta forma se lo que él piensa respecto de este tema, pero ese comentario me llevó a hacerme una pregunta: ¿Qué hay detrás del desprecio a una asamblea constituyente?
En general, dentro de este periodo en el cual se ha discutido sobre este mecanismo, el bando que considera que dicho llamado es errado arguye argumentos como los siguientes: “esto es como fumar opio”,“nada justifica que imitemos caminos y modelos de países latinoamericanos que han hecho asambleas constituyentes”. A pesar de saber (y ellos asuman) quela Constitución tiene unorigen antidemocrático,de igual forma se considera que el mecanismo de la asamblea constituyente es un mecanismo errado y equivocado. Sin embargo, ninguno de los que han denostado dicho proceso ha dado argumentos precisos y contundentes por los cuales dicho camino estaría errado. Aparte de los argumentos que señalan que es un proceso poco serio, y otros que señalan que es necesario mantener la institucionalidad (que es dudosa producto de su origen), no existen razones de fondo, poderosas, para oponerse a dicho mecanismo. Me equivoco, en realidad si existe una gran e importantísima razón, una razón atávica, que trasciende a la historia de Chile, la cual fue el germen de nuestra institucionalidad:  el modelo portaliano.
El cuento es muy sencillo. Para Diego Portales (gestor de la Constitución de 1833, y por lo tanto de la institucionalidad de nuestra nación), una república, para ser grande, debe tener “un gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudesEsta frase, marcada a fuego en quienes han gobernado nuestro país, nos explica de forma clara porque existe ese gran miedo detrás de la generación de una asamblea constituyente. Una asamblea constituyente, en la práctica, significa que la organización de nuestra nación no queda a manos de “hombres virtuosos y patrióticos” (podríamos ponerle el nombre actual de técnicos), sino en manos del ciudadano común. No queda en manos de un gobierno fuerte y centralizado (ni en ese sentido impulsado por el ejecutivo), sino que en manos de personas que bien pueden ser débiles, diversas, de distintas regiones y lugares, que no responden a lógicas partidistas y de poder. En síntesis, para quienes gobiernan nuestra nación, una asamblea constituyente implica lo más contrario a nuestro modelo de nación, lo más alejado de la autoridad centralizada, de la institucionalidad fuerte y de la guía de muchos por unos pocos. En ese sentido, es la entrega de la nación a “ciudadanos llenos de vicios, carentes de toda virtud, quienes, de esa forma, generarán un nuevo pacto que no respetará esa tradición.
Sin embargo, y para ser justos, Portales no se cerraba a la posibilidad de que existiera un momento en el que las cosas cambiarían, y es por eso que pregona “cuando se hayan moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de idealesdonde tengan parte todos los ciudadanos”. Lo curioso es que aquello nunca ocurre. Aun cuando tengamos actualmente a la población mejor educada de toda la historia de Chile, se sigue escuchando por las calles que “somos puros indios”, que la gente es “ignorante, estúpida”, entre otros epítetos, que en definitiva muestran una gran desconfianza hacia el otro, y por qué no decirlo, un gran desprecio del ciudadano hacia el ciudadano (y a su vez de la élite por el ciudadano de a pie).  Ello explica que ante cualquier intento de cambio en esta nación las fuerzas fácticas actúan y evitan dicho salto, porque finalmente existe el inmenso temor de perder el poder que se monopoliza, permitiendo finalmente que los ciudadanos gobiernen, en vez de aquellos que “son un modelo de virtud y patriotismo”.
Y es ahí donde erró profundamente Portales. Los hombres que son un ejemplo de virtud y patriotismo nunca existieron (o por lo menos quienes nos han gobernado durante más de 40 años no lo han sido), sino que como todo ser humano, tienen sus defectos y virtudes, de tal modo que lo único que ha marcado una diferencia, es la educación que han tenido (efectivamente en tiempos de Portales, muy pocos sabían leer y escribir, cosa que actualmente no se sostiene), y el poder que han monopolizado.
Así, en síntesis, ¿qué hay detrás del miedo a una asamblea constituyente? Dos cosas: la primera, un miedo profundo a perder el poder y permitir que los ciudadanos gobiernen; y segundo, y a lo mejor más importante pero no percibido claramente, asumir que ellos, los que tienen el poder, no son ni nunca sus familias en la historia de Chile han sido ejemplos de virtud y patriotismo.
Al final, la negativa a una asamblea constituyente sólo es una excusa, una excusa que esconde el temor de la élite a dejar de ser élite.

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