jueves, 11 de abril de 2013

“Los Beyer”

El lucro tiene defensores transversales. Es curiosa la cáscara que envuelve defensivamente al acusado ministro Beyer. Son como un “partido transversal de derecha”que ha salido a articular en el sentido común el discurso de defensa de Beyer, el político. Son “Los Beyer”. Comparten numerosas formas de colaboración “académica”, como lo demuestra cualquier revisión a la producción escrita de Beyer, y vínculos sociales –de clase-, como el que permitiera a Correa Sutil soplarle a Beyer el error jurídico-formal de la oposición en la redacción de la acusación constitucional.
Los Beyer son parte constitutiva de ese segmento social que llamamos “tecnocracia”. Jaime Guzmán, mientras planeaba la constitución de Pinochet y en entrevista con un documentalista francés durante el año 1977, señalaba: “la democracia que intentamos construir es una democracia de participación social efectiva, una democracia tecnocrática, y una democracia autoritaria y protegida”. Aclaraba Guzmán que se buscaba una “autoridad fuerte, con poder para conducir al país a través de la justicia y la ley”. Lo que vino después, el gran acuerdo de la élite para darle una salida a Pinochet por votación y continuar con el modelo, vino aparejado con la creación de la capa de tecnócratas que buscaba Guzmán, y que se situaron fundamentalmente en los centros de estudios que los partidos que participaron del acuerdo elitista comenzaron a promover.
La seducción del conocimiento técnico como motor del diseño institucional, de la mano de la constitución de Pinochet, permite que existan Los Beyer. Es quizá en ese conocimiento donde se encuentra lo que Guzmán buscaba como “autoridad” de la democracia protegida. Es la función que se ejerce con ese conocimiento la que permite que sean Los Beyer los llamados a “cerrar” la discusión política que nace de los problemas de la educación. Así ocurrió el 2006 con el Consejo Asesor Presidencial convocado por Bachelet. Y así pareciera que seguirá siendo, especialmente después de ver la composición y perfil del equipo programático de Bachelet en educación.
Como no soy bacheletista, no me interesa discutir lo que Los Beyer de Bachelet dirán o no dirán para la galería. Pero lo fascinante es buscar explicaciones para entender cuándo le regalamos la política a este grupo que es transversal a los partidos hoy existentes, y que se transforman en los jueces, la “autoridad” de la democracia, que dicen qué es lo que está bien y no está bien discutir en educación. Una pista la entrega un estudioso (voilá) de los tecnócratas chilenos, Patricio Silva, en su libro. El libro de Silva –con la sugerente portada que muestra a Bachelet y su ministro Velasco- hace un estudio histórico de la tecnocracia en Chile, dedicando su etapa contemporánea al rol de los “Chicago Boys” en ODEPLAN de Pinochet, de los centros de estudios como el de los “monjes” en el CIEPLAN de la DC, o las ONGs que surtían de intelectuales y funcionarios a los gobiernos de la Concertación. Una de las tesis que sostiene Silva es que los tecnócratas siempre han existido en la historia de Chile, y que su influencia es una especie de “colchón” que sostendría la existencia de instituciones democráticas en periodos de conflictividad política. Su augurio es que esta función no cambiaría en el futuro, y que Chile habría pasado a ser una democracia tecnocratizada.
La tesis de Silva puede ser un aliciente para que las candidaturas actuales entreguen, nuevamente, la confianza a los tecnócratas para que definan los destinos de sus “posibilidades”ideológicas. Bachelet ya lo ha demostrado poniendo en su equipo la influencia de la última versión de la tecnocracia educativa, Educación 2020. Habrá que ver qué pasa con los demás candidatos. Establecerlos límites de la democracia, la autoridad de la democracia, sería entonces el rol de los tecnócratas en estas fechas.
La movilización de este año tiene la potencialidad de cuestionar el basamento y la tesis de Silva, que en el fondo es la conclusión y objetivo que tenía Jaime Guzmán y que envuelve a la Concertación toda, en especial a Bachelet. Mantener una presión en la calle, autónoma y sin la dirección de los partidos actuales que defienden la llamada “democracia” tecnocratizada, es una oportunidad de superara la tecnocracia, desnudando el autoritarismo de su posición actual. Es esa presión la que motiva expulsar al político Beyer de su puesto, y que pone en peligro la posición funcional de Los Beyer en el chile post-dictadura.Para construir una sociedad democrática, donde el conocimiento esté al servicio de los acuerdos democráticos, es necesario seguir mostrando la naturaleza autoritaria de Los Beyer, sean estos Los Beyer de Bachelet, Waissbluth, Golborne, Allamand, o quien quiera ponerse artificialmente delante de las demandas del movimiento social.

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