viernes, 22 de marzo de 2013

Chile, el mejor país del mundo si usted es un súper rico


“El real problema de distribución en Chile está en lo más alto de la distribución y no tanto dentro del grueso de la población (90% o aún 99% de ella) donde la distribución tiende a ser relativamente pareja. Es realmente en el 1% más rico y sobretodo en el 0,1% y 0,01% más rico donde se concentra el ingreso”. Esta es una de las afirmaciones del estudio publicado en la web de la Universidad de Chile por los economistas Ramón López, Eugenio Figueroa B. y Pablo Gutiérrez, sobre cómo está repartida la riqueza en nuestro país: “La ‘parte del león’: Nuevas estimaciones de la participación de los súper ricos en el ingreso de Chile”.
A diferencia de otras investigaciones que se basan en los datos de la encuesta CASEN, el estudio de López, Figueroa y Gutiérrez usa información del Servicio de Impuestos Internos (SII), ordenando los antecedentes de modo de hacerlos comparables con otros países donde se hace investigación con datos tributarios.
Los autores establecen que “una pequeña minoría, los súper ricos, se llevan realmente la  “parte del león”, en alusión a la fábula de Esopo, donde un león caza en compañía de otros animales, pero termina quedándose con toda la presa simplemente porque es el más fuerte.
De acuerdo a los datos de esta investigación,  el país que conformamos el 99% de los chilenos y el 1 % de ricos presenta la mayor concentración de la riqueza del mundo. En ninguna parte de este planeta el 1% de la población de un país goza de tanta participación de la riqueza de su propio país. Si hasta ayer los chilenos sabíamos que el nuestro era uno de los más desiguales del mundo, de acuerdo a esta investigación podemos ahora ser más precisos y decir que es el país más desigual del mundo.
Afirman los autores: “Aún en base a una estimación conservadora del ingreso de los súper ricos, su participación en el ingreso personal total es extraordinariamente alta, llegando a mas de 30% para el 1% más rico, 17% para el 0,1% más rico y más de 10% para el 0,01% más rico en promedio durante el periodo 2004-2010. En términos internacionales estas son las más altas participaciones que se conocen. Aun excluyendo ganancias de capital o utilidades retenidas, la participación del 1% más rico es la más alta registrada dentro de una lista mucho más amplia de alrededor de 25 países para los cuales esto se ha medido”.
Los autores  precisan: “El 1% más rico de Chile recibe 2,6 veces más ingresos como proporción del ingreso total del país que lo que en promedio recibe el 1% más rico en los siete países para los cuales existen datos que incluyen ganancias de capital para el periodo considerado. Más aún, mientras que el 0,1% más rico en Chile se lleva cuatro veces más que el promedio de la muestra de países, el 0,01% más rico se apropia de casi  seis veces (5,8) de la proporción de la que se apropia el 0,01% más rico en los otros seis países de la muestra”.
El estudio de López, Figueroa y Gutiérrez confirma lo que se había sostenido en diversas investigaciones hechas a partir de la encuesta CASEN. Pero los nuevos datos muestran también que en esos estudios la concentración de la riqueza estaba siendo subestimada. En efecto, sólo usando los datos brutos que entrega el SII públicamente, se constata una  concentración mayor que los que revelan los datos de la CASEN: “La participación del 0,3% más rico  (aproximadamente 23.000 contribuyentes sobre un total de 8,2 millones) es de un poco más del 6%. Por otra parte, el 81% más pobre de los contribuyentes, cuyo ingreso medio es de US 338 por mes y que gana menos de US 1.096 al mes, recibe sólo 34,4% del ingreso total. Es decir, aún usando las cifras directas que provee SII, las cuales subestiman de manera tal vez significativa el ingreso de los estratos más ricos, se obtiene que el ingreso per cápita del 1% más rico es 40 veces mayor que el ingreso per cápita del 81% de la población”.
La desigualdad empeora cuando los autores aplican la metodología para comparar los datos chilenos con los de los otros 20 países: “Se observa que, en general, la participación del 1%, el 0,1% y el 0,01% de los más ricos en el ingreso total del país es más alta en Chile que en los otros países para los que existen estas estimaciones; salvo dos excepciones: las participaciones del 0,1% y el 0,01% más ricos en los Estados Unidos. Más aún, de modo muy general, las cifras muestran que, en promedio, la participación de estos estratos más ricos en el ingreso total del país es alrededor del doble de la participación media que se verifica en los otros 20 países de la muestra”.
Estos niveles impresionantes de concentración de riqueza y de desigualdad producen efectos en múltiples áreas de la sociedad. Un informe de la OCDE conocido a comienzos de marzo de 2013, mostró que en Santiago la distancia de recursos se ha transformado en una distancia física feroz, que ha llevado a los pobres a los márgenes de la ciudad. Por ello, según la OCDE, Santiago es la ciudad más segregada de entre 30 urbes estudiadas por ese organismo.
Lo mismo ocurre en la educación, donde la distancia de ingresos se ha transformado en insalvables brechas de conocimientos, de desarrollo de habilidades y de posibilidades futuras. Así lo han mostrado estudios de la misma OCDE y se ha vuelto a confirmar recientemente cuando el centro de estudios Horizontal dio a conocer un ranking elaborado con los datos de la prueba internacional PISA y que ordenó los países de acuerdo a cuánto influye el dinero de la familia en las posibilidades de estudio y aprendizaje de un joven de 15 años.
“En el fondo del ranking aparecen, entre otros, México, Uruguay, Estados Unidos, Chile y Argentina. Estos son países donde la riqueza del hogar al que se pertenece tiene una alta correlación con los resultados académico/funcionales obtenidos a los 15 años”, escribió el director de Horizontal, Andrés Hernando, en una reciente columna en El Mostrador. Y puntualizó: “En Chile, de cada 100 niños que a los 15 años viven en un hogar en el 20 % más pobre (medido como riqueza en varios bienes durables), menos de nueve consiguen un resultado en el 20 % superior nacional en la prueba PISA de Matemáticas; mientras que, de cada 100 estudiantes que pertenecen al 20 % de hogares más rico, más de 42 consiguen este logro”.
En su investigación, López, Figueroa y Gutiérrez afirman también que el estudio de la distribución del ingreso y de sus consecuencias es una de las tareas pendientes de la academia. Sostienen que este tipo de investigaciones no ha tenido mucho desarrollo en Chile, en parte por una idea generalizada entre los economistas de que “cualquier análisis distributivo conduce inevitablemente a juicios de valor relativos a la equidad y,  con ello, a terrenos más propios de la filosofía y la ética que de la ciencia económica”. Los economistas se sienten más cómodos estudiando la eficiencia y considerando la distribución como un valor dado. Sin embargo, dicen los autores, “de acuerdo a las conclusiones tanto de la teoría del bienestar conocidas desde hace  mucho, como a los resultados de investigaciones empíricas recientes, eficiencia y distribución no  son separables sino que se condicionan y determinan mutuamente”.
En ese sentido, la preocupación por la enorme concentración de la riqueza que exhibe Chile es en el fondo una preocupación por la posibilidad de Chile de crecer en el largo plazo. A los autores de este estudio les parece que la posibilidad de tener un crecimiento sostenido se ve amagado por “las negativas consecuencias de la inequidad sobre la inversión en capital humano, la estructura productiva y la productividad de estas economías, así como las amenazas que ella supone para la  estabilidad social y política futura”.

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