sábado, 1 de diciembre de 2012

Medidas de valor agregado en educación: ¿cuál valor?

Un diario de circulación nacional publicó un estudio en que una casa de estudios habría determinado los colegios que aportarían más “valor agregado” en Chile. Junto con ello, incluye una columna de uno de los autores del estudio, en que se justifica el estudio de las medidas de valor agregado en Chile. ¿Qué debiese concluirse de los estudios de valor agregado en educación?

Ya antes me he referido acá mismo al uso peligroso de los estudios de valor agregado para evaluar el desempeño de las y los profesores (recomiendo leer la columna para aclarar qué son los estudios de valor agregado). El estudio referido al inicio de esta columna traslada esa peligrosidad al desempeño de las escuelas. Llama la atención que la pregunta del autor del estudio sea “¿Por qué no usar valor agregado [en Chile]?” La respuesta tal vez venga de parte de los mismos expertos internacionales.

Hace un año y medio la Asociación Estadounidense de Investigadores Educacionales  organizó una sesión especial en su conferencia internacional anual sobre las medidas de valor agregado. En ésta se encontraba el autor del libro “Medidas de Valor Agregado en Educación”. La idea era debatir sobre el significado del valor agregado en educación, y en particular en torno al efecto de las medidas en los profesores. Gran parte de las críticas y el acuerdo general de los educadores es que las medidas de valor agregado son incapaces de capturar la complejidad de los eventos educativos, y el uso de sus mediciones (basadas en pruebas estandarizadas como el SIMCE) tampoco hacen justicia a los pequeños procesos diarios en que se observa el aprendizaje de los estudiantes.

Por otro lado, la conceptualización de “valor” es cuestionable en sí misma, pues carece de un elemento central: su definición. ¿Qué valor tiene el SIMCE para una familia? ¿Qué valor tiene la escuela para una familia? ¿Cómo se estima ese valor? Estas preguntas son difíciles de responder si los valores son impuestos mediante medidas academicistas de logro. Las escuelas, en gran parte del mundo occidental, no son un repositorio de logros académicos, sino un espacio físico y simbólico de convergencia comunitaria. El “valor” de una comunidad no puede ser capturado por una medición SIMCE, y por lo tanto cualquier idea de “valor agregado” de las escuelas es una absoluta arbitrariedad, de esas a las que nos tienen acostumbrados los tecnócratas criollos.

Más allá de las críticas, se reconoce que estudiar lo que aportan las escuelas a los niños y familias es necesario estimarlo. Una de las preguntas de la audiencia a los panelistas expertos de la sesión especial sobre valor agregado en educación fue ¿qué es lo que NO se debe hacer con el conocimiento que otorgan estos estudios de valor agregado? Las variadas respuestas, incluso del experto en valor agregado, fue que no debía promoverse ninguna medida punitiva a partir de estos estudios. Aunque claro, en Chile la tecnocracia que se arma de expertos no escucha esto, y simplemente hace leyes que son lo que los expertos recomiendan NO hacer. Un ejemplo de ello es el proyecto de ley de carrera docente. Habrá que ver qué hacen con este nuevo estudio de “valor” agregado.

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