miércoles, 15 de agosto de 2012

Vamos a decir que NO…

El estreno de NO, la película, pone al centro del debate la resistencia a la dictadura militar y el enfoque está puesto en quienes apostaron por el término del régimen. La cinta revisa un período poco visitado desde el arte, las ciencias sociales y las humanidades. Un tiempo marcado por la lucha colectiva en contra de la derecha política y los militares que ostentaban el poder. Un relato cinematográfico puesto al servicio de la resistencia mediática y no en la persecución en contra de los opositores a Augusto Pinochet.
La principal novedad de la película es relatar el episodio que determinó la salida del dictador, quien dejó La Moneda, pero no las estructuras de poder. Como botón de muestra, recordemos que siguió siendo Comandante en Jefe del Ejército y posteriormente Senador de la República.

El Plebiscito de 1988 permitió a la mayoría de los líderes que participaron de los gobiernos civiles, autocoronarse “constructores absolutos del retorno a la democracia” y a quienes se la jugaron por la continuidad del dictador, autoproclamarse “paladines de la democracia”, ya que los militares y su diseño institucional, condujeron el pálido retorno a un sistema de gobierno cuyo look representa a las mayorías, pero su materialidad sigue representando a las minorías poderosas. La película no los cuestiona, los deja a todos en el mismo sitial.

Dicho lo anterior, creo necesario reflexionar sobre la posición del cineasta y su obra: NO, la película.

a) La elección de la temática es arbitraria, irresponsable, autónoma. Todo ello, le hace bien a la obra, es un proceso creativo que idealmente no debe tener ataduras, ni compromisos, se trata de alcanzar una independencia total.

b) Una obra audiovisual no puede representar todas las memorias que disputan la interpretación del pasado, pero puede ser inclusiva o excluyente.

c) La película es producto de la creación de un pequeño grupo que se propone contar una historia que, de la mejor manera posible, dé cuenta del mensaje propuesto por el equipo.

d) Se optó por el género de ficción, condición que entrega libertad narrativa a los realizadores, quienes pueden apartarse de los acontecimientos documentados y construir un relato sin tener que justificar históricamente su coherencia. En este caso, se usan las imágenes de archivo, las cuales ponen énfasis en los casi 25 años que nos separan del episodio contado. Por ejemplo: la secuencia donde aparece el ex Presidente Patricio Aylwin, como el hombre que alaba el actual gobierno y reivindica el supuesto rol colaborativo de Augusto Pinochet en la consolidación democrática, lectura que hacemos desde el presente coyuntural, ya que es la imagen de un personaje que evidencia el paso de los años. Utilizando como herramienta una suerte de elipsis, el realizador nos invita a ver las imágenes que nos recuerdan al otro Patricio Aylwin, aquel dirigente demócrata cristiano olvidadizo de su pasado golpista, conciliador con las fuerzas de izquierda, ambicioso de ser la nueva autoridad de la República, quien emite una arenga a través de esta franja.

Como resumen, podemos convenir que el Plebiscito permitió que Pinochet y sus amigos mantuvieran mucho poder durante los gobiernos transicionales, lo cual justificó una alianza entre un sector de los partidarios del No y los adherentes del Sí, quienes consensuaron reconocerse moderación mutua en el proceso que desplazó a algunos metros al dictador: de La Moneda pasó a ocupar el edificio de las Fuerzas Armadas, a esta transacción, algunos involucrados le llamaron Razón de Estado.

Ahora, hablemos de la película

El contexto que presenta la cinta no da cuenta de los matices que tenía la opción del No, diferencias que se expresaban a partir de la incorporación de dos palabras que representaban un cambio profundo en el diseño de la oposición: llamar a votar por el NO, era un camino para, por la vía de la negociación, alcanzar el retorno de la democracia en Chile.

Llamar a votar por el NO, hasta vencer, era una posibilidad que intentaba mantener independencia y radicalidad a la resistencia en contra la dictadura, en donde el plebiscito era el comienzo de una nueva etapa en la lucha frontal contra Pinochet, idea que se desmoronó con el reconocimiento institucional del triunfo de la opción NO.

Hace algunos años, los alicaídos líderes del plebiscito fueron rememorados como víctimas conciliadoras en la película Dawson, Isla 10, cuyo relato se basa en la estadía del ex ministro Sergio Bitar en un campo de concentración, hoy se les da espacio a los vistosos publicistas (de la Concertación) para que desplieguen toda su creatividad y desde sus glorias pasadas traten de convencernos de ser los principales protagonistas de una gesta colectiva, excluyendo a otros actores y a la movilización social de los réditos del triunfo.
La cinta tiene un ritmo y una estética visual que conmueve, sus imágenes ripiosas le otorgan verosimilitud y proximidad a la historia, nos transporta a la atmósfera de aquellos años, a sus urgencias, sus contradicciones, sus miedos y dolores.

¿Qué tuvieron de especial los publicistas? En el universo de la película, la historia presentada no es nimia, no es una pequeña anécdota, sino se le otorga indirectamente el valor de ser una franja cuya creación se “transformó en un tema de Estado”. Hay una sobredimensión de su efectividad y del aporte que realiza a la recuperación de la democracia.

Al protagonista, la temática social no lo conmueve: los muertos, los asesinatos, el hambre, la falta de libertad, entre otras consecuencias de vivir en dictadura, no son una motivación para ponerse al servicio de las fuerzas opositoras. Aún cuando haya sido una víctima de la dictadura, no asume el desafío como un acto cognitivo emocional, sino como una contienda que le permitirá vender un producto: el NO. El cambio de dictadura a democracia es una ganancia que debe tener mayor aceptación sobre consumidores pasivos.

Se presenta la tensión entre una cultura política/social que pretendía poner al centro la vida como concepto, los derechos humanos, el hambre, la libertad, la verdad, y otra propia, la del mercado, en donde las ideas anteriores o se esconden o se banalizan.

“La alegría ya viene”, es la promesa de un abstracto, que tiene un doble significado: por una parte es el anhelo individual concreto de la gente, y por otra, tiene un alcance colectivo que se diluye cuando se produce el cambio propuesto. En el marco de la película, es la oferta de un profesional dedicado a la “venta”, a la persuasión, a generar modificaciones conductuales en función de un producto, cuya calidad y convicción no es superior a la competencia, se trata de una transacción sin garantía ni servicio de post venta. Dicho en vulgar, es la venta de una mejor pescada.

Aunque, no hay claridad desde de la cinta, si se mira desde el contexto de su producción, se puede entender cómo los políticos se vieron “forzados” algunos, y otros “seducidos”, por esta manera de entender y ejecutar la política. Con NO, la película, se puede identificar el punto de inicio que ha predominado en la mayoría de los partidos políticos: el discurso banal, la trampa de la publicidad, el impacto de los medios, la estética de la moda industrial, el ocultamiento de ideas que transforma a la política en un juego de lobbistas y burócratas.
La película termina con el “héroe”, solo, presto a iniciar una nueva campaña, con la satisfacción del deber cumplido, con la complacencia de haber dinamitado los cimientos de la política de las ideas y dar paso a la astucia de las apariencias.

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