lunes, 4 de junio de 2012

El Asalto de la Juventud de Quebec


Podría estar cantando a media luz Celine Dion en algún elegante bar de Montreal. Las sonrisas, los platos hermoseados, las tarjetas de crédito pagando las cuentas, una noche cálida. Todo gira como una perfecta parada de la policía montada y sus botas lustrosas. La perfección de país desarrollado se resquebraja con un sonido persistente, agudo y creciente. Las calles sonmordidas por el golpeteo de las cacerolas. 

Canadá nos ofrece hoy uno de los movimientos estudiantiles más importantes del mundo, tal como Chile lo fue en 2011 con la movilización que duró más de 8 meses. La provincia de Quebec se encuentra hoy en una gravecrisis política y educativa. En la última década los aranceles universitarios han aumentado exponencialmente, modelo que ha conducido a que los estudiantes egresen con una deuda que bordea los 27 dólares. “My heart will go on” susurraría Celine, mientras el país de los lagos hunde a sus jóvenes. El anuncio de llevar a cabo un alza del 75% de los aranceles en cinco años convocó a un levantamiento de los jóvenes, el cual ya ha pasado los 100 días.

Tal vez la visita de Stephen Harper - el primer ministro de Canadá- al Presidente de Chile Sebastián Piñera en abril de este año, permitió que los canadienses aprendieran algunas recetas de “buen gobierno” para este tipo de conflictos. El gobierno del Premier de Quebec, el liberal Jean Charest, decretó el 18 de mayo una ley de emergencia (la Ley 78) que impuso una severa restricción a manifestarse en Quebec –las protestas no podían ser llevadas a cabo a menos de 50 metros de las universidades; se debía avisar con 8 horas de antelación la realización de una marcha; y de fijaban multas a quienes participaran de ellas-. Todo suena sospechosamente conocido.

Una semana después, los villagois decían otra cosa. Las cacerolas salieron a las calles el 24 de mayo pasado, y al igual que el 2 de agosto de 2011 en Chile, el tintineo culinario arrastró a la infamia represora del gobierno. 

Al igual que el inmenso movimiento de los jóvenes en México contra la posibilidad de fraude en las nuevas elecciones presidenciales, la juventud de Quebec nos convoca a pensar una vez más el rol del Estado. Y es que la (con) cesión permanente de servicios, antes estatales, a la iniciativa privada y/o la introducción de mecanismos de mercado o de cuasi-mercado en su provisión, han implicado algunas consecuencias que deben ser revisadas:

  • Cobertura segmentada: fragmentación de los ex servicios sociales en diversos mercados, organizados a partir del nivel económico de las personas.
  • Focalización del gasto estatal: el Estado se retira de la provisión de servicios relativamente universales para gastar un mínimo en los más pobres.
  • Transmutación de la participación democrática: asociado a lo anterior, las instituciones democráticas son impotentes, ya que la mayor parte de la oferta de servicios ha quedado fuera del control del Estado.
  • Hegemonía de la función policial del Estado: amplificación del rol policial del Estado, sofisticando la persecución y anulación de la oposición a las fuerzas económicas dominantes.
Si el Estado, secuestrado la mayoría de las veces por los mismos intereses de mercado, no es capaz de ofertar ni regular servicios sociales, se abre de hecho una sombría zona de especulación, en la cual el hundimiento del transatlántico sacrifica a la gran mayoría… primero a los más pobres claro. Celine aquí nos cantaría une chanson vraiment triste

Entramos aquí en un debate ideológico que hemos evitado. La protesta de los jóvenes en todo el mundo nos anuncia una lógica novedosa de enfrentamiento de los conflictos. No es la simple demanda por mejores condiciones, no es sólo querer estudiar sin hipotecar la vida y obtener un trabajo con un salario decente. Se trata de otra cosa…

  • Universalización de derechos: comprensión que el progreso social está vinculado a aprovechar las potencialidades del conjunto de la población, desmitificando el discurso meritocrático-selectivo.
  • Sociabilidad dentro del espacio público: uso e intervención colectiva de los espacios públicos.
  • Ética política de la confianza: se disuelve la distinción entre clase política y gobernados, generando una responsabilización colectiva dada por el ejercicio continuo de la ciudadanía de base.
  • Creatividad sustentable: búsqueda y generación de soluciones sociales apoyadas en el conocimiento científico acumulado y en la armonización ecológica.
Canadá ha comenzado a descascarar también la perfección de la ilusión capitalista. Unos cuántos kilómetros al sur, saben que los ejércitos no podrán detener el sonido terrorífico del despertador… ¿cuándo será el turno de la juventud de Estados Unidos, sometida a las mismas oscuridades canadienses?  

La juventud golpea sus cacerolas para espantar el óxido. La policía azota el pavimento quebecois. Y la solidaridad brota fuerte y tersa como un perfecto campo de trigo. 

Por Jorge Inzunza H., Campinas, 04 de junio de 2012

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