sábado, 28 de abril de 2012

Cae el CAE, en la búsqueda del tiempo perdido


La salida de los bancos del financiamiento de la Educación Superior es un triunfo indiscutible del movimiento social. Por nombrar solo algunas razones que sustentan aquello: tal iniciativa no estaba en el programa del gobierno actual; va en contra de la lógica de la derecha, que promueve con particular afán al mercado y el lucro como solución de los problemas públicos (no sería sorprendente que se opusiera el instituto Libertad y Desarrollo, por ejemplo); y además, era parte de las demandas de los estudiantes. Nadie con dos dedos de frente puede pensar que esto hubiera pasado sin mediar las movilizaciones de 2011.

Se trata, también, de un acierto político del ministro Harald Beyer, quien sigue el ejemplo de numerosos gobiernos de todo signo que han optado por mantener en el ámbito público las herramientas de financiamiento de la Educación Superior, entre ellos Estados Unidos, el Reino Unido y prácticamente la totalidad de América Latina y los países de la OECD.

Así, cabe preguntarse, qué pasó para que a sólo 6 años de su implementación, se plantee cambiar un sistema de financiamiento estudiantil (al menos una parte relevante de él) que estaba pensado como una solución de largo plazo. Más aún, vale la pena preguntarse, qué pasaba por la cabeza del presidente Ricardo Lagos y de su ministro Sergio Bitar cuando crearon el CAE en 2005.

A partir de estas preguntas a muchos les vendrá a la mente la imagen de un descompensado Ex Ministro Bitar, quien tuvo que recurrir incluso a su paso por la Isla Dawson para intentar justificar vía “empate moral” la incorporación de la banca al financiamiento universitario en una supuesta búsqueda de equidad. 

Comprobado por diversos organismos el efecto nocivo de tal medida (incluso por algunos economistas liberales), el nefasto impacto del CAE se hace hoy evidente, tristemente predicho en 2005 por una de las revistas de la FECH: “Con la Ley de Bitar, lleve una carrera, pague mil”.

¿Cómo llegamos a esto? Pues bien, sucedió que, como tanta veces pasa con la tecnocracia, desde el gobierno de turno se presentó el CAE como la única forma de financiar la educación de los estudiantes de la universidades que no estaban en el Consejo de Rectores. Era eso o nada; eran los bancos o dejar a todos los estudiantes sin el sueño de una carrera universitaria. Hoy, a la luz de los resultados, tal punto de vista se revela como un grueso error.

Para el movimiento estudiantil de la época, la entrada de los bancos era una piedra de tope para cualquier acuerdo, por lo que nunca lo aceptamos. Sin embargo, no tuvimos la fuerza para doblarles la mano a los gobiernos de la Concertación en la calle. Marchamos y nos movilizamos, sin embargo, el gobierno nos ganó la pelea por el sentido común. Mientras Lagos y su ministro Bitar tuvieron el talento para presentar su propuesta como la mejor de las ideas (o la única viable), a nosotros nos faltó talento y audacia para organizarnos junto con los estudiantes de universidades no tradicionales, los que serían los principales perjudicados (y no los favorecidos, como señalaba el gobierno de la época). Nunca pudimos salir de la lógica en la cual nosotros, los estudiantes de las universidades del Consejo de Rectores, aparecíamos como el grupo de privilegiados que no querían que el resto tuviera acceso al financiamiento.

Peor aún, los entonces líderes de la Concertación no sólo mostraron una posición anacrónica al respecto introduciendo el CAE, sino que incluso faltaron a su palabra empeñada con los estudiantes agrupados en la CONFECH 2005 y 2006, con quienes firmaron acuerdos que –se suponía- fortalecerían las componentes públicas en el sistema de financiamiento (o sea la parte sin bancos), y le darían formalidad a ello vía la modificación al Decreto 938 que rige la asignación del Fondo Solidario de Crédito Universitario. El decreto no fue modificado, y las asignaciones en el presupuesto al sistema público fueron generosas sólo en el año 2006, para luego migrar al tenebroso CAE.

Así las cosas, de concretarse el retiro de la banca privada volveríamos al 2005 ¿Es esto suficiente? Claramente no. La educación ya era desigual y un negocio en 2005. Ahora debemos ir en búsqueda del tiempo perdido. En concreto, en cuanto al financiamiento universitario, no sólo se requiere una acreditación robusta y una regulación de los aranceles para que este cambio sea conducente, sino que más importante aún se precisa terminar con la lógica de financiar a las universidades principalmente a través de la demanda. El Estado no debe ser neutro y debe financiar con especial dedicación los planteles que son de su propiedad, así como las universidades privadas que han mostrado un compromiso con el país y su desarrollo (notables casos en regiones): no debemos replicar en nuestro sistema universitario el desastroso diseño de financiamiento a la demanda del sistema escolar el cual en 30 años ha destruido la educación pública.

En el plano más político la propuesta tendrá muchos coletazos. Por un lado, a la Concertación le jugará en contra la victoria comunicacional y política que obtuvieron al derrotar al movimiento estudiantil que se gestó para frenar el CAE, ya que de aprobarse la salida de los bancos quedará la sensación de un retroceso, de una medida que nunca debió ser, y de lo paradójico que resulta que sea la derecha, presionada por el movimiento social y por los hechos (pues el sistema no mostraba ser eficiente), la que termine poniendo Estado donde la Concertación había puesto al mercado. La Concertación, como en tantas otras áreas, le deberá una explicación al país.
Por otra parte, el movimiento social tendrá el desafío de transformar este triunfo en energía para continuar con la gran batalla que significa transformar el sistema educativo chileno. No será fácil, pues el gobierno quedará en una cómoda posición (a la izquierda de lo hecho por la Concertación) y no serán pocos los que desde dentro del movimiento propondrán el tomar una postura de no reconocer su propio logro por el susto de “caer en las trampas del gobierno”. A su vez, la prensa dirá que con esto ya no queda nada por reclamar y que las próximas movilizaciones carecen sentido, dirán que la salida de los bancos se debe a la habilidad del nuevo equipo del ministerio y quitarán todo crédito a la presión social. En ese marco, el desafío para el movimiento social será gritar con alegría el gol, para no regalárselo a Harald Beyer, sin dar la sensación de que se ha ganado el partido. 

Por mi parte estoy contento al constatar que incluso con un gobierno cuyo Presidente hizo su fortuna sobre la base del negocio de los bancos se puede lograr sacar a estos de la educación superior. Queda mucho, claro que sí. Nos falta más de la mitad del trayecto, pero estoy optimista pues creo que con ideas nobles, gente en la calle y apoyo ciudadano todo es posible.

Foto: Vanguardia Archivo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...