domingo, 11 de diciembre de 2011

La Venganza

El 2005, entre la primera y la segunda elección presidencial, el autonomismo con domicilio en el entonces Movimiento SurDA (no me atrevo a sostener su permanencia en la actualidad debido a la diáspora del 2007) debatía acaloradamente en una de las salas de la sede Utem de dieciocho una definición política respecto a Michelle Bachelet.

No fue fácil. Tampoco sencillo. Varias horas pasaron hasta que la asamblea decidió el cariz de la intervención en el debate político: No a la derecha, no a Piñera y al avance de los poderosos. Días después, la revista del movimiento editó un número especial con la leyenda “¿Con qué cara serías Presidente?”. En su interior, la declaración, difundida también por la web.

Evidentemente, esa definición no cambió ni irrumpió de forma drástica en la coyuntura política de entonces. Salvo alguna situación inédita, Bachelet de todas formas se iba a convertir en la primera mujer presidenta de Chile. En simple: daba lo mismo lo que la SurDA dijera.

Sin embargo, esa declaración de la SurDA no pasó desapercibida en ninguno de los partidos, movimientos y colectivos de izquierda. Y la opinión fue una sola: salvo los colaboradores de siempre, a nadie le gustó. Y quizá con razón. Para algunos faltó una definición explícita (los menos); sin embargo para otros el movimiento revelaba su verdadero rostro: el hermano chico “buena onda” de la Concertación (los más).

En los años posteriores, las sospechas respecto al movimiento crecieron y se fueron consolidando. Las alianzas tácticas que incluían al autonomismo eran objeto de sospecha, de recelo y de crítica. Salvo en la Universidad de Chile -y en algún otro lugar convertido en una honrosa excepción- ser autonomista (miembro de la SurDA o cercano a ella) no era fácil.

Tiempo después las diferencias internas permearon más fuerte y el movimiento sufrió una ruptura. Con aciertos y errores, el eje articulador detrás de ese colectivo se terminaba. Para muchos militantes el quiebre fue un golpe duro, fuerte, del cual no pudieron u optaron por no reponerse.

Cuatro años después, y por unos 200 votos, Gabriel Boric derrotó a Camila Vallejo y al Partido Comunista y llegó a la presidencia de la FECh. No era cualquier elección, y por lo mismo todo el país estuvo pendiente de su resultado. Todos.

Otros textos analizarán si el mentado anticomunismo, en el cual insisten los líderes comunistas hasta el hartazgo, tuvo injerencia. Lo cierto es que Boric ganó; el autonomismo ganó. Y lo primero que dijo fue como un sentido homenaje después de muerto: “No estamos dispuestos a ser el comando juvenil de Michelle Bachelet”. Nada más claro. Lo que no se dijo hace seis años Boric lo dijo en 11 palabras. Una segunda definición de Boric que tuvo resonancia fue su visión del presidente del colegio de Profesores, Jaime Gajardo: nos declaramos “críticos” de su gestión.

Estoy seguro que los ex miembros de la SurDA no podían sino sonreír al escuchar a Boric; aquellos que de una u otra forma participaron en la victoria del colectivo Creando Izquierda no podían sino emocionarse. El triunfo es histórico no solo por su trascendencia, sino que por primera vez las palabras desde el autonomismo si irrumpen drásticamente en la coyuntura política. Tanto así que el vocero del gobierno –previa evaluación con el segundo piso de La Moneda- salió a decir que Piñera “no tenía enemigos”.

Asimismo, en la Concertación no saben si pararse al lado de Boric, atacarlo o replegarse. De hecho, los días después de la elección, los presidentes de la Concertación optaron por asumir una cerrada defensa del PC, insistir en la tesis del anticomunismo y valorar el rol de Vallejo.

Lógico, hay que votar reajuste y los votos de Teillier, Carmona y Gutiérrez son fundamentales para que el bloque tenga algún margen de maniobra. Similar esquema utilizaron en el Presupuesto en Educación, y allí están los resultados, a la vista de todos. Tan perdido no andaba Boric respecto a que los adversarios también merodean el Congreso. Todo esto, con la traición en el aire de Arturo Martínez a Raúl de la Puente (material de otra columna) al ayudar a la diáspora de los gremios y la posterior negociación parcelada con el gobierno. Esa es la cara de esa oposición.

No ha sido fácil explicar por qué perdió Camila Vallejo. Tampoco el significado de “ultra” ni el proyecto político de Boric y Creando Izquierda. De hecho, incluso se ha vuelto complejo explicar en simple la palabra Autonomismo. No importa, para aquello solo una receta: tiempo. Por mientras, más vale sonreír y creer que todo el tiempo invertido no fue en vano. Suerte, Gabriel.

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