domingo, 4 de diciembre de 2011

La ayuda que recibió Parra de Bolaño para conquistar el Cervantes

Se subió al auto y encendió un cigarrillo. Luego otro. Y otro. Llevaban treinta o cuarenta minutos viajando por la Ruta 68 cuando Roberto Bolaño por fin volvió en sí y salió del silencio: "Qué fuerte. Qué fuerte". Al volante iba Marcial Cortés-Monroy, quien lo había llevado a Las Cruces para que conociera a Nicanor Parra. Corría 1998, el autor de Estrella distante estaba de vuelta en Chile después de 35 años y había conocido al hombre al "que le debía toda su obra". Después de una tarde con el antipoeta, estaba en shock. Un año después sabía exactamente qué hacer y se lo dijo a Ignacio Echevarría: no bastaba con gritar que había que leer a Parra, había que publicar sus obras completas.

No es una teoría descabellada: si Bolaño no entra en escena, Parra quizás jamás hubiera recibido el Premio Miguel de Cervantes. Lo merecía hace décadas, pero no fue sino hasta la aparición del autor de Los detectives salvajes que la bolita se echó a correr en serio. Precisamente a un mes de la publicación del tomo final de Obras completas & algo +, España se acordó de Parra. 

"Mucha gente lo da por hecho. A lo mejor, las obras completas fueron el último empujoncito", dice Echevarría, que le hizo caso a Bolaño y, pese a los tiras y aflojas de antipoeta, sacó adelante los libros. Al final tuvo una ayuda inesperada: la agente Carmen Balcells -que intentó representar a Parra, pero le fue mal- apuró las aguas en Galaxia Gutenberg cuando en 2010 el proyecto se empantanaba.

Homenaje final

Fue en noviembre de 1999. Bolaño y Echevarría venían de una tarde en Las Cruces. De una jornada larguísima, con almuerzo y sobremesa incluida, en la que Parra encandiló a sus invitados recitando. Era la segunda vez del novelista con el poeta y la química entre ambos fluía. De regreso a Santiago, aún bajo los efecto del vino, Bolaño disparó al crítico español: "Hombre, ¿por qué no intentas hacer las obras completas de Parra?". 

Según cuenta Cortés-Monroy, por esos días la amistad entre Parra y Bolaño estaba en ebullición. Desde España, el autor de 2666 le enviaba libros y uno que otro mensaje. Incluso escribió un poema en que reconstruyó el día en que conoció a Parra: se llama Los pasos de Parra y aparece en Los perros románticos. Antes, cuando se vieron por primera vez, fue Nicanor el que sorprendió a Roberto: se preparó para la visita, leyó Estrella distante y La literatura nazi en América y en un par de palabras decodificó el tono de la obra de su invitado. 

Convencido por Bolaño, Echevarría, que por esos días trabajaba con Galaxia Gutenberg, llevó la idea de las obras completas de Parra al prestigioso sello. Antes, muchas veces antes, a Parra le había ofrecido compilar su obra. En 2001 dijo su primer sí: de visita en Madrid para una exposición de sus Artefactos en el edificio de la Telefónica, el poeta discutió los términos del contrato con la editorial, con la asesoría de Cortés-Monroy. Del catálogo de esa muestra viene el texto de Bolaño Ocho segundos con Nicanor Parra: "Sólo estoy seguro de una cosa con respecto a la poesía de Nicanor Parra en este nuevo siglo: pervivirá (…) El que sea valiente que siga a Parra", se lee ahí. 

Una noche en Madrid, después de otra comida: Bolaño y Echevarría se juntan con Nicanor y cierran un acuerdo. Al menos eso creyeron: luego el escurridizo antipoeta empezó a operar. Perdió los contratos, evitaba el tema. Allá en España, Roberto le decía a Cortés-Monroy que publicar las obras completas con Galaxia Gutenberg iba a ser todo un salto para Parra: la oficialidad de la literatura le daría su venia. El antipoeta miraba para el lado.

En septiembre de 2003, dos meses después de la muerte de Bolaño, Echevarría vuelve a Las Cruces: a final de la tarde, cuando el español se está despidiendo, Parra aborda el tema: "A Roberto le hubiera gustado, entonces hagámoslo", dijo y, por fin cerró de verdad el trato por las obras completas. Luego, ya sabemos, el mismo Parra lo sabía y lo dijo el año pasado: "Bolaño me puso en órbita". 

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