viernes, 18 de noviembre de 2011

Silencio... elites decidiendo


Cuando estaba en el colegio (sí, privado), aprendí que hubo un rey que dijo "para el pueblo pero sin el pueblo", ya no me acuerdo qué rey era ni por qué lo dijo, y aunque podría buscarlo en google, esta vez prefiero pecar de ignorante porque para el caso da lo mismo quién lo dijo, pues aquí y ahora, en este país latinoamericano tercermundista postcolonial tiene más sentido que nunca.

La FEDES ha declarado que los jóvenes estudiantes "no pueden ni deben" conducir este país ¿se imaginan lo que sería de una tierra liderada por púberes sin conflicto de interés? Anarquía, Casa de Campo o El Señor de las Moscas. Tiranía en manos de unos pocos guiados por preceptos morales en vez de por las sanas correlaciones de poder, debidamente consagradas en la constitución política (horror de palabra) a través de una serie de complejos mecanismos, como el sistema binominal, por dar sólo un ejemplo, garantía de estabilidad nacional, solidez de las instituciones y democracia, al fin y al cabo. Wikipedia dice que democracia es una forma de organización donde "la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo". No le vamos a creer a Wikipedia, claro, todo el mundo sabe que es una muy poco seria plataforma de internet donde cada uno define los términos como mejor le parece y queda a la comunidad fiscalizar y corregir los errores que individuos puedan cometer. Una locura, un despropósito, a todas luces.

Lo que hay que hacer, y esto lo sabía el rey ese de cuyo nombre no quiero acordarme, es que sean las elites quienes piensen y decidan qué es lo mejor para el pueblo, que para eso han desarrollado el conocimiento ilustrado, por generaciones. Porque no es cosa de que cualquier hijo de vecino venga y se instruya, "aprenda", para ponerlo en términos postmodernos, acerca de cómo funciona la dominación de las clases acomodadas. No señor, esto hay que vivirlo en carne propia, saber y sentir los costos de tomar decisiones "impopulares", o sea, aquellas que en ocasiones provocan dolor y sufrimiento a aquellos "menos privilegiados" (porque somos todos privilegiados, sólo que algunos más que otros), pero que al final se toman en pos de un bien común ulterior. Algunos ultrones marxistas leninistas podrían alegarme que dicho bien común, raya para la suma, de común tiene poco y los beneficiados son escasos y siempre los mismos. Craso error, los privilegiados son los más, porque tienen la suerte de estar guiados por unos seres muy pensantes, muy capaces, que fueron formados en instituciones extranjeras que, se sabe, son mejores que las nacionales. Es evidente que son ellos los que de mejor manera servirán al país. Para el pueblo pero sin el pueblo. Todavía una minoría subversiva dirá que toca la casualidad que aquellos más capaces son, oh coincidencia, los que gozan de las mejores regalías que el país tiene que ofrecer y en sus filas no se hallan los pobres, marginados y desaventajados. Obvio que no, si los pobres son tontos porque no toman leche y sus madres son drogadictas, eso lo sabe cualquiera y es por eso que es la clase baja la que más vota por la derecha, esa ala de la clase política que justamente aboga por la supervivencia del "más fuerte".

Entonces no me vengan con revolución pingüina, que los pingüinos están en peligro de extinción porque no han sido capaces de aprovechar las ventajas competitivas que la naturaleza les da. No me vengan con estudiantes en el congreso, que los estudiantes lo que tienen que hacer es estudiar, su nombre lo indica. Después, si quieren y pueden, irán a engrosar las filas de partidos políticos que les enseñarán qué es bueno y qué es malo, porque otra cosa es con guitarra. En fin, no me vengan con la soberanía del pueblo unido. Hay que dejar a los que saben.

Por Paulina Contreras, Programa EPE - FACSO U. de Chile

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...