martes, 13 de septiembre de 2011

La química de las revueltas callejeras: Ciencia-ficción en los periódicos

La interpretación errónea de estudios científicos en la prensa es una queja habitual de los investigadores. El periodismo se acelera al ritmo de las nuevas tecnologías y la ciencia, que necesita de los medios para su supervivencia, pide sosiego para explicar unos resultados de compleja interpretación. ¿Cómo hacer que la verdad también sea interesante?

La historia empieza con la publicación de un artículo científico que relacionaba bajos niveles del neurotransmisor GABA (una molécula encargada de la comunicación entre neuronas) en el lóbulo frontal del cerebro con un determinado tipo de personalidad impulsiva. Estos indivíduos actúan de manera más precipitada en respuesta a emociones intensas. Además, los resultados concordaban con evidencias genéticas que relacionaban a GABA con alcoholismo y drogadicción.

Como suele suceder en estos casos, los investigadores sacaron una nota de prensa pero quiso la fortuna que su publicación coincidiera con las revueltas en las calles del Reino Unido. Entonces, desde algunos medios se comenzó a relacionar al neurotransmisor GABA con los altercados. “La falta de una sustancia química en el cerebro estimula las revueltas” escribía la Press Association en la primera interpretación imaginativa del descubrimiento. Luego seguiría el The Sun proponiendo una cura para la enfermedad que podría estar lista en 10 años: “Spray nasal para detener borrachos y revueltas”. Posteriormente las quejas de los autores llevarían a la retirada del artículo, aunque todavía es posible encontrarlo. También el Daily Mail se haría eco del descubrimento a su manera: “¿Tienen los alborotadores, retratados saqueando una tienda en Hackney, niveles bajos de una sustancia química del cerebro que contribuye a descontrolar su comportamiento? Los científicos creen que sí”.

Ante todo el revuelo generado, el grupo de investigadores responsable del estudio mostraba su perplejidad en el diario The Guardian ante las noticias difundidas durante las últimas semanas al tiempo que reflexionaban sobre la relación entre los medios y la ciencia.

Hay ciertos estudios que pueden ser malinterpretados ya que tienen conclusiones aparentemente sencillas. En este caso se relaciona un tipo de comportamiento con una sustancia química, lo cual incluso incita a pensar en el desarrollo de una terapia por medio de fármacos. Pero el error es asumir que esta relación es directa y causal, es decir, que tan sólo una variación en los niveles de GABA conllevaría el desarrollo del comportamiento impulsivo. Este es un problema recurrente en la interpretación de la ciencia, algo así como el dilema del huevo o la gallina. No se sabe si los cambios de GABA son la causa (y de ser así, la única causa o tan sólo un factor más) o por el contrario son el resultado de estos comportamientos. Una simplificación excesiva de los datos puede incluso llevar a justificar determinados comportamientos antisociales por ser químicamente inevitables (oiga, mire, es que tengo bajo el GABA).

Los autores apuntan que cuando los artículos sobre avances científicos son cuestionados, las críticas suelen ir dirigidas a los investigadores más que a los periodistas. Por tanto, el lector puede aceptar la historia como cierta y propagar el error de interpretación ó por el contrario rechazarla, lo que contribuye a la erosión en la confianza del público en la ciencia. El descrédito de la ciencia facilita el surgimiento de tendencias negacionistas, contrarias a la opinión mayoritaria de la comunidad científica, pero que pueden tener una aceptación relativamente alta. Posturas como la negación del cambio climático o de la relación entre SIDA y el VIH han llegado a calar peligrosamene en la opinión pública (basta una búsqueda en google para comprobarlo) y son un escollo para la aplicación de medidas ambientales y sanitarias contra estos problemas.

Un editorial de la revista Nature sostenía que uno de los factores más influyentes en la credibilidad es la percepción generalizada de que la ciencia trabaja con certezas absolutas, lo cual es comprensible ya que durante la educación básica estudiamos teorías muy establecidas derivadas de años ó décadas de investigación. Sin embargo, llegando a los límites del conocimiento donde se encuentra la ciencia que leemos en los periódicos, encontramos un alto grado de incertidumbre. Esto puede generar desconfianza en el lector cuando en realidad esta incertidumbre debería ser vista como una fase esencial en cualquier descubrimiento. La nota de prensa sobre el artículo de GABA decía que “la razón por la que ciertos hombres actúan impulsivamente ó de forma agresiva podría deberse a la menor presencia de una sustancia química en el cerebro”.  Simplemente contemplaba la atractiva posibilidad de que fuera así. Aunque también podría ser que no. Ese matiz condicional, sutil y a la vez esencial, fue perdido en los sucesivos artículos periodísticos.
Según Ben Goldacre, autor del blog Bad Science, el error de algunas noticias de ciencia es que carecen de evidencias científicas para, supuestamente, ser entendidas más fácilmente por el lector. Pero si no se presentan las variables que se midieron y cómo, o qué se descubrió, el lector está condenado a creer las conclusiones del investigador ó la interpretación del periodista. Goldacre se queja de que esta reducción al absurdo no es tan frecuente en otras secciones del periódico como las páginas de economía o de literatura y que quizás se deba a la percepción de que poca gente sabe de ciencia. Sirva de ejemplo extremo un estudio realizado en EEUU en 1997 según el cual un 50% de los encuestados no sabía que la tierra tarda un año en dar la vuelta al sol. Aunque probablemente en esas no estamos, España sigue estando a la cola de la OCDE en educación científica.

El problema de la relación entre la ciencia y los medios no es algo nuevo.  Hace 14 años un periodista y un físico publicaban el libro “Mundos aparte: Cómo la distancia entre la Ciencia y el Periodismo amenaza el futuro de América” en el que advertían de la incapacidad de científicos y periodistas para entenderse. También Science recientemente hacía un llamamiento a través de un editorial para que los investigadores hagan el esfuerzo en la comunicación que la ciencia y esta no se quede en el laboratorio, vista por la población “más como un hobby interesante que como un valor fundamental de la sociedad”.

Por Guzmán Sánchez, Licenciado en Bioquímica por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Análisis Genético por la Universidad de Leeds (Reino Unido). Actualmente investiga en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (Madrid).En Periodismo Humano, 12 de septiembre de 2011.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...