viernes, 12 de agosto de 2011

Intransigente es seguir defendiendo un sistema educacional impuesto por la dictadura

Mal le parecieron al sociólogo Manuel Antonio Garretón las críticas que deslizó el ex ministro secretario general de Gobierno José Joaquín Brunner en contra del movimiento estudiantil, al que calificó de “intransigente” y de sufrir de “infantilismo revolucionario” por  negarse a discutir la propuesta de 21 puntos que puso sobre la mesa el  ministro Felipe Bulnes para introducir cambios al sistema educacional.

“Decir que el movimiento estudiantil es intransigente es cometer una injusticia enorme”, dijo el académico en conversación con El Mostrador, ya que considera que los verdaderos intransigentes en esta discusión son los representantes de un sistema político que se niega a modificar un sistema que considera ilegítimo por haberse gestado durante el régimen militar. Y entre ellos identifica al propio Brunner.

“Estas observaciones las hace es un distinguido intelectual que es muy amigo mío y a quien le tengo mucho respeto. Sin embargo, hay que aceptar que él ha sido el principal defensor intelectual de este modelo entre los técnicos y especialistas en educación de la Concertación”, dijo.

Recordó que el ex vocero del Ejecutivo durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle fue defensor del modelo universitario en las comisiones que creó la Concertación y cuya afirmación central “es que el modelo de educación chileno es bueno, es diversificado, da las condiciones privadas y públicas que corresponden y hay que consolidarlo y profundizarlo con algunas correcciones”.

Y también hizo hincapié en que en el Consejo Asesor de la Educación conformado durante el gobierno de Michelle Bachelet, el ex ministro “fue uno de los defensores de la existencia en el lucro en la educación” y de un sistema cuyo modelo “se basa en hacer de la educación privada particular el eje del desarrollo educacional, minimizando, desarticulando y reduciendo la educación pública estatal, que era el eje del sistema hasta los años ’80 y hoy día pasó a ser subsidiaria”.

Recalcó que “la idea que uno defiende, que defiende el movimiento estudiantil, es que la educación pública estatal es el eje central y que toda educación privada es una educación que debe tener un espacio y no puede regirse por el lucro, como nunca se rigió la educación chilena, y debe estar subordinada a la educación pública”.

Por ello enfatizó que “lo que es intransigente es seguir defendiendo un sistema que fue impuesto por una dictadura”.

Garretón considera que lo que están haciendo hoy día los estudiantes “es simplemente retomar lo que la clase política no ha podido hacer, ya sea porque algunos defienden el sistema generado por la dictadura, porque otros no fueron capaces de  hacer la transformación por la oposición de la derecha, o porque hay una aceptación e incluso un acomodo y un acuerdo con el sistema heredado. El mismo José Joaquín ha dicho que este sistema no hay que transformarlo, hay que corregirlo o mejorarlo. Entonces aquí tenemos dos posiciones irreconciliables”.

La fórmula del plebiscito

El sociólogo y politólogo sostiene que “lo que plantean los estudiantes, sin creer que están en revolución, como dice Brunner, ni que se vayan a tomar el Palacio de invierno,  es que aquí lo que está en cuestión es cuál es la voluntad mayoritaria y por lo tanto hay que buscar los mecanismos para decidir sobre el modelo político que permita hacer las transformaciones del modelo educacional. No puede haber nada más democrático que eso”.

Con esta idea, se mostró partidario de hacer las modificaciones constitucionales que sean necesarias para que el tema se zanje a través de un plebiscito, tal como se resolvió  el retorno a la democracia, y que en torno a esa idea debiera girar el diálogo con el Ejecutivo.

“Lo que estamos viendo es un impasse entre la intransigencia de un gobierno que quiere mantener un modelo impuesto en dictadura y la ‘intransigencia democrática’ de un movimiento estudiantil que quiere transformarlo. Entonces aquí no hay otra vuelta teórica que un mecanismo que permita resolver, tal como se resolvió entre dictadura y democracia (…) en el plebiscito”, señaló.

En ese sentido advirtió que “si no se tienen los mecanismos institucionales para ello hay que crearlos, y por lo tanto la finalidad de una mesa de diálogo es la de crear mecanismos que permitan transformar radicalmente el sistema”.

Esto, opinó, porque el movimiento estudiantil “no va a parar” si se pretende “corregir uno u otro aspecto, discutir propuesta por propuesta”.

Por lo anterior defendió la decisión de la Confech y los demás actores de no sentarse a discutir con el ministro Bulnes el alcance de las 21 medidas propuestas por el gobierno que el  viernes pasado fueron desechadas.

“Yo entiendo que el ministro Bulnes y el gobierno consideren que este sea un problema de intransigencia y llamen a un diálogo, pero ¿un diálogo para qué? ¿Para que en el terreno del modelo se discutan mejoras? Eso fue durante 20 años. Ahora lo sensato es cambiar de modelo. Y si se está de acuerdo con eso, hay que discutir las distintas modalidades y buscar un mecanismo para eso”, concluyó.

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