viernes, 5 de agosto de 2011

1934. Protesta, educación y policía


Fueron arrinconados en un invierno tan helado que se les congelaba todo el cuerpo. Muchos lograron escapar, muchos otros se quedaron resistiendo. Carabineros realizó la mejor de sus operaciones para sofocarlos, los sitiaron hasta ahogarlos. El frío debía hacer su parte, la nieve, el agua, el hambre. Luego, como tantas veces en la historia de Chile, procedieron a apalear y matar. Rumbo a Temuco se llevaron 477 detenidos, de los cuales llegaron sólo 23 arribaron a destino. Mujeres y hombres se precipitaron ametrallados, los mapuches pewenches y otros chilenos pobres que habían osado levantarse contra Arturo Alessandri yacían en charcos de sangre junto a su orgullo. Cruzando hacia Argentina huyeron muchos otros intentando vencer la inhóspita Cordillera de Los Andes. Fue la masacre de Ranquil del 5 de julio de 1934 de la que nadie se acordó en Chile hace un mes atrás. Estas cosas no se enseñan en la escuela, porque en el SIMCE no se pregunta por la acción represiva de los gobiernos y como han intervenido una y otra vez para acallar a los pobres y no tan pobres. Santa María, El Salvador, Valparaíso, Santiago… y tantas otras ciudades han sido testigos de las sombrías jornadas de represión.

Más de alguno dirá que el 4 de agosto de 2011 no fue nada. Las autoridades hablan hoy de casi 1000 detenidos en todo el país, y de la cantidad de carabineros heridos, pero no saben o no quieren decir cuántos heridos hay entre los niños, niñas, jóvenes y adultos que protestaron por la educación pública de Chile. La acción fue tan brutal que la prensa nacional e internacional unánimemente reconoció el abuso policial, y la responsabilidad de todo esto no es más que política, como siempre. 

Pero ¿por qué se ha llegado a estos niveles de represión? En las facultades de psicología aprendemos cuando estudiamos esto de la “psicodinámica” que mientras más fuerte es la represión que ejercemos sobre algo, más fuerte es aquello que queremos ocultar. La herida original del actual sistema político y social está constituida por el rompimiento de los vínculos básicos de solidaridad y confianza, donde el Contrato Social ha sido reemplazado más bien por un Contrato Individual de Consumo en el Mercado. La represión estatal busca aplastar y ocultar este trauma social fundante, que se ampara en la Carta Constitucional de 1980 donde perdimos el sentido social de lo gratuito en la educación, salud y previsión social. Hoy las deudas económicas desparramadas en cada uno de nosotros y nosotras son una denuncia sobre la gran deuda del Estado que perdimos y que debiésemos recuperar. Un Estado no para el ejercicio de una democracia de consensos sin sentido, sino para el ejercicio pleno de la voluntad de guiar nuestro futuro, para gobernarnos.

Estas líneas son un explícito homenaje a todas y todos quienes han sufrido injustamente la violencia de Estado, y que han sido olvidados/as, pero que constituyen nuestra base ética. Los balazos de Ranquil nos recuerdan los peores momentos de la violencia institucional. Las cientos de bombas lacrimógenas lanzadas ayer a destajo han querido ahogar el grito de indignación, pero aquí estamos aún, de pie en medio del frío de nuestro invierno y no amparados en nuestro escudo de “Por la razón o la fuerza”, sino en la Fuerza de nuestra razón. 

Jorge Inzunza H.
Santiago, 05 de agosto de 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...