jueves, 7 de julio de 2011

La educación chilena: Trilogía de un desastre

I Parte. Los hawker hunters bombardearon la educación pública

Las escenas se deslizan en la pantalla entre blancos y negros, y unas pocas en colores tomadas por algunas cámaras de documentalistas extranjeros. El bombardeo a La Moneda por parte de pilotos sin nombre no sólo culminó con el proyecto socialista democrático, sino también con la vida de un Presidente y con la idea que se deslizó durante todo el siglo XX para alcanzar una Educación gestionada democráticamente.

Y es que el dolor se multiplicó en miles de veces. Escuelas y universidades dirigidas por militares; estudiantes y profesores torturados, asesinados, desaparecidos o exiliados… Las esquirlas del bombardeo a La Moneda impactaron los cimientos de la educación pública que pese a haber sido por muchas décadas elitista, había avanzado desde los años 30 a una apertura significativa para dar nacimiento a una nueva clase media, e impulsar el alfabetismo y el ascenso de las clases populares. Las estadísticas avalan este crecimiento.

Pinochet avanza junto a Gonzalo Vial y otros cuantos asesores de la Economía de Chicago, para dar el golpe de gracia. El mercado debía regularlo todo, y los municipios comenzaron a hacerse cargo de la educación primaria y secundaria, mientras las universidades públicas nacionales eran desmembradas. El financiamiento cayó drásticamente, las escuelas públicas se cayeron a pedazos, mientras los docentes debieron triplicar su jornada para poder comer. Esta deuda tal vez se acerque a la cifra planteada por el gobierno como inyección en la educación superior.

La sinopsis de la primera parte culmina con el “boinazo” del Ejército del 28 de mayo de 1993 en apoyo a Augusto Pinochet. Era la amenaza fantasma que rondaría a los gobiernos de la Concertación en la segunda parte.

II Parte. El caballo del Ministro

“Transición a la Democracia” parecía ser un slogan para justificarlo todo. Nunca estuvo “Tan lejos, tan cerca” nuestra democracia. Los palmoteos en la espalda en el Congreso entre aquellos/as que parecían en teoría tan distantes políticamente. La demanda por Derechos Humanos pareció disolverse como un recuerdo circunscrito a las pancartas con fotografías de desaparecidos de unas pocas familias. Fue entonces cuando se perdió la ambición y el Estado se dignó a tapar las marcas de los bombardeos, se pintó La Moneda, el Presidente recibió alguna bala sacada en la reparación y todo continuó como si nada. 

Como en las mejores novelas de Stephen King la saludable apariencia de los personajes y lugares no hacía imaginar siquiera en el veneno de sus cimientos. El mal estaba atravesando las raíces del sistema educacional, y pronto comenzaría a dar muestras de su macabra faz.

La igualdad de trato ha sido una de las herramientas ideológicas más potentes para justificar la privatización del sistema educativo. Entregando un voucher igualitario al sistema público y al privado se disfrazó el hecho que el sistema privado comenzara a recibir mucho más dinero que el público y que se desatara en el lenguaje de la economía una “competencia desleal” que continúa hasta nuestros días, y que ampara indudablemente el lucro no confesado. Un buen ejemplo es que el Estado chileno, por lo tanto todos nosotros/as, regalamos a las escuelas privadas subvencionadas el 90% de la ampliación de los edificios escolares para la Jornada Escolar Completa, sin pedir nada a cambio en nombre de la igualdad de trato. 

Y la oferta privada creció sin mayores obstáculos a su calidad o sentido público. La cámara se detiene un segundo, un ministro de vivienda recibe como regalo un caballo, y surgen las dudas sobre las relaciones entre los administradores del poder público y el sector privado.

III Parte. Revolucionar la memoria

Hasta ahora esta película se parece a “La cinta blanca” de Michael Haneke. La perversión parece haberse extendido por el más mínimo escondrijo, revelándose como un colectivo pasivo y aquiescente. Pero en 2006 y 2011 se ha mostrado la fuerza de una demanda por la memoria resistente de otro Estado. Nuestros partidos políticos han hecho incansables esfuerzos por acomodarse al ordenamiento de la Carta Constitucional de 1980, aceptando su falta de legitimidad y la ausencia del pueblo fundador. 

El Estado de Chile debe salir de su enclaustramiento dictatorial, liberarse e imaginarse desde la voluntad popular, que no es otra que la que transita en las calles, como aquellas niñas del Liceo 1 que manifiestan con sus rostros pintados de blanco en perfecto silencio su desacuerdo con las políticas educacionales anunciadas. No basta con anunciar mayor financiamiento, con la visita de Joaquín Lavín a Brasil para conocer el voucher brasileño para la educación superior (Prouni), o con la creación de una nueva entidad burocrática. Si bien ya hay muchas voces conformes como Enríquez-Ominami, Waissbluth, muchos rectores de universidades, las demandas exceden esta agenda inmediatista. 

El lucro es inadmisible en la educación en su esencia, porque ésta no es un producto éticamente comerciable; la democracia es un ideal a promoverse en todas nuestras instituciones, incluyendo nuestro sistema educativo; y por último la refundación de lo público estatal debe considerar recuperar nuestras universidades (ex)públicas y soñar con ellas en un país para y desde su pueblo. Y tal  vez allí y sólo así se extienda una gran pancarta en la Alameda de Santiago, o en las playas de Lebú, o a un costado de la virgen de Andacollo donde diga: ¡Ganamos!

Necesitamos recuperar la memoria para revolucionarla y proyectarse. Tal vez que hay que comenzar con un buen exorcismo.

Jorge Inzunza H.
Santiago, 07 de julio de 2011

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