miércoles, 22 de diciembre de 2010

En torno a los ajustes curriculares: Reflexiones sobre la historia a enseñar en la escuela

A mediados de noviembre del presente año desde el MINEDUC se informa dentro de un conjunto de medidas para la mejora de la calidad de las escuelas chilenas la reducción significativa de horas  curriculares de Ciencias Sociales en Enseñanza Básica y Media con el objetivo de redistribuirlas a Lenguaje y Matemáticas para la mejora del SIMCE y evaluaciones internacionales de resultados. Ante tal noticia diversas voces han cuestionado la medida refiriendo la importancia de la Historia como disciplina curricular dada su incidencia en el conocimiento de los sujetos respecto del mundo en que viven, el pasado del país y las proyecciones futuras de nuestra sociedad. En la Declaración De Historiadores Y Profesores De Historia se argumentan que esta medida no contribuirá a solucionar los graves problemas de desigualdad, inequidad y falta de calidad de la educación, lo que además de no considerar a docentes y académicos en la decisión, no se sostiene en estudios serios que justifiquen esta decisión. El argumento de fondo señala que la Historia es, por antonomasia, creadora de conciencia crítica respecto del entorno social en el que viven las personas, y por ello el mejor instrumento para desarrollar ciudadanos reflexivos aptos para el ejercicio democrático. Así “Reducir o minimizar la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales significaría, más allá de las intenciones declaradas, coartar y acallar la reflexión y el análisis crítico” por lo cual detrás de criterios aparentemente “técnicos” se ocultarían intereses políticos que apuntan a la formación de tecnócratas y mano de obra dócil, incapaz de cuestionar los fundamentos, objetivos y modo de funcionamiento del actual modelo de sociedad.

Nos parece conveniente revisar estas nociones. Para ello presentaremos una síntesis de una investigación sobre las prácticas de transmisión de la historia reciente de Chile, desde la voz de los docentes encargados por el Estado de traspasar memorias, identidad e historias, y las posibles tensiones en esta tarea. Entendemos que la Historia como disciplina escolar, prescrita en el currículum que los adultos les trasmiten a las nuevas generaciones, permite conocer la identidad de una sociedad y sus posibilidades de ser a través del tiempo. Esta Historia es una síntesis de las prioridades a establecer en la Escuela producto de luchas sociales y políticas. Para ello, el Análisis Institucional nos sirve para dar cuenta de los discursos instituidos en las prácticas de los actores escolares y el ejercicio del poder puesto en juego en este acto.

En el discurso de los docentes existe una oposición entre la Historia vista como “Proceso y asociada a los Sujetos sociales como actores y protagonistas” y la “Historia de las Efemérides y los Héroes”. La gran mayoría de los docentes entrevistados señalan la importancia de la Historia en el contexto de un alumnado pobre, en tanto proceso para trasmitir a los alumnos que la transformación social y la reivindicación de la lucha de los sectores populares aconteció, por lo tanto esta transformación es posible en la actualidad y a futuro. La Historia de los Héroes y Efemérides es criticada por los docentes, ya que se asocia a la enseñanza de valores nacionalistas. Sin embargo surgen otras efemérides en el currículum escolares asociadas a actores excluidos antes de la historia oficial.

Los docentes señalan que realizan el ejercicio de la Transmisión de la Historia con la clara dirección de Crear/Transformar Conciencia entre sus estudiantes para el Cambio social. Este objetivo se logra Formando el pensamiento a través de la exposición de La(s) Verdad(es) Histórica(s) lo que implica que los niños y jóvenes serían una tabula rasa en la cual la acción del docente registra contenidos, y procesos de pensamiento, inaugurando e instalando elementos inexistentes. El Profesor de Historia se reconoce como uno de los agentes que enseña a los estudiantes a pensar, disciplinando su mente o bien abriéndola a los sucesos del mundo. Esta apertura supone que los alumnos poseen un mundo cerrado/disminuido, respecto del cual no piensan, razón por la cual el docente “coloniza” esta capacidad de reflexión a través de su acción. Los niños y niñas pobres deben darse cuenta de las trabas y las ataduras que tienen, para construir desde allí su propio mundo. Las docentes se sienten convocadas a señalar otros caminos, mientras los profesores Trasforman la Conciencia como propia de la labor del Profesor de Historia. Éste sería su objetivo y rol dentro de la institución escolar, transformación posible en la medida que los alumnos se reconozcan en lo que son y puedan avanzar en esa perspectiva.   
En torno a lo anterior, es llamativo como los docentes abren o cierran discusiones sobre el pasado histórico. Los profesores se comprometen ideológica y afectivamente, discuten de manera acalorada con los estudiantes, imponiendo su versión de los hechos. En esta imposición aparece la tensión entre establecer verdades únicas, incuestionables y hegemónicas desde el ideario docente, cuando éstos mismos señalan la importancia de revisar procesos, y diversas versiones, así como del ejercicio de la indagación, del debate y del pensamiento crítico de los estudiantes más allá de los que diga la autoridad docente. 
 
Ante lo anterior nos parece fundamental preguntarnos qué Historia enseñar. Ante ello podemos criticar el currículum oficial, sus silencios, y recortes de horas. Indicamos que la historia no es aséptica, que existen distintas versiones ante acontecimientos tan materiales y precisos de nuestra historia como el Golpe de Estado y las Violaciones a los Derechos Humanos. Valoramos que la Historia se transmita desde las versiones particulares y críticas, desde los roles e historias de vida, desde la implicación, pero también advertimos el peligro de que los docentes cuenten sus versiones particulares en solitario, sin colectividad, sin regulación y desde la ideologización vanguardista, cerrando las versiones de alumnos, padres y comunidades. Asumimos que no se puede tomar una decisión unívoca y cerrada frente a este conflicto que se instala por lo cual no tenemos una respuesta para ello. Una posibilidad de pensar una inflexión, para la apertura a esta tensión, es legitimar la palabra de los estudiantes y las comunidades en las cuales ellos habitan, situando el currículum como un encuadre que posibilite las discusiones, más que un texto cerrado a la palabra a las nuevas generaciones.  

Son los propios docentes quienes reconocen la escuela a su vez debiera abrirse a las experiencias que ocurren por fuera de ella, las experiencias de padres, familiares, del espacio del barrio, de la cultura de los estudiantes. La promoción de una institución favorecedora de un ambiente de reflexión y aceptación en la escuela  centrada en las experiencias de vida de los sujetos  más que en el cumplimiento mecánico del programa  requiere vincular la Historia  a la memoria que tienen los alumnos sobre su propio colegio y de su contexto cotidiano e inmediato.  

            Para ello consideramos la relevancia del juego como posibilidad de simbolizar, ya que un espacio intermedio entre la realidad y la imaginación. Es un espacio "como si” el cual daría la posibilidad también de reflexionar y darse cuenta de lo que provocan ciertas situaciones. El juego por tanto otorga la posibilidad de trasmisión y transformación, es decir, en la escuela al crear espacios de juego se daría la posibilidad de trasmitir nociones de la historia de manera activa y más vivida en los propios niños y jóvenes  y por tanto dar lugar a la manifestación de su subjetividad, creando e integrando la realidad con las interpretaciones personales de ésta. Y además el juego permitiría, al apropiarse el individuo de la realidad y trabajarlo de manera colectiva, transformar esa historia, otorgar nuevas posibilidades, significaciones y cambiarla por parte de los estudiantes.

La historia es la historia de las relaciones entre los sujetos y de éstos con la naturaleza, es la historia de conflictos y acuerdos, de ganancias y pérdidas, de encuentros y desencuentros. Así, en la transmisión de la historia, es importante por parte de profesores y estudiantes, dar cuenta de las vicisitudes de las relaciones humanas tanto  en el pasado, como en el presente, para pensar un futuro en conjunto, visualizando referentes comunes, los acuerdos, las normas, las diferencias y similitudes. En relación a la apropiación de la(s)  historia(s), resulta importante ligarla(s) con las relaciones actuales, con la singularidad de los estudiantes, sus propias relaciones en su contexto, sus conflictos.

Paulina Castillo, Paulina Contreras, Paola González y Evelyn Palma
Grupo de Trabajo Asesoría Institucional en el Espacio Escolar
Programa Equipo Psicología y Educación, FACSO Universidad de Chile

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