lunes, 22 de noviembre de 2010

Dos o Tres Apuntes Respecto del Currículum y la Clase (Comentario a propósito del aumento de horas para Lenguaje y Matemáticas 2010, Propuesto por el Gobierno del Presidente Piñera al CNED)


A menudo se considera que para corregir deficientes aprendizajes en determinada área es menester aumentar el número de clases (horas) por semana que se invierte en la temática de que se trate.

Está claro que un ámbito del conocimiento o del desarrollo escolar requiere, para expresarse en un aprendizaje, desarrollo de habilidad o manejo por parte del que aprende, de horas de trabajo en el currículum. Es decir: los aprendizajes vinculados a asignaturas escolares (o de nivel superior, da igual) se hallan ordenados en sartas, frecuentemente con cierta intención didáctica (que no comentaremos en esta oportunidad) y con un determinado espacio de tiempo semanal, horario de clase, número de horas dedicadas al efecto.

Desde luego, coinciden en esto los expertos de la pedagogía, la naturaleza de los aprendizajes esperados, la profundidad de éstos y su importancia relativa en la balanza general de los conocimientos o grados de expertiz deseados por una sociedad determinada,  requieren cantidades de horas de clase semanal asociadas, todo para logar la meta propuesta en el programa de estudios correspondiente. 

¿Basta aumentar las horas del plan de estudios semanal de una asignatura específica para garantizar resultados?

La experiencia nos da una respuesta desfavorable a la pregunta anterior.

En efecto, veamos el caso chileno reciente: a propósito de la ley de Jornada Escolar Completa (ley 19.532) la mayoría de los proyectos escolares consideran un aumento de horas del plan de estudios en Lenguaje y en Matemáticas, ya hace rato (los proyectos escolares en la materia, en porcentaje importante, más del 50%, han establecido invertir tiempo de la jornada escolar completa en aumentar las horas en Lenguaje y Matemática, todo para intentar mejorar resultados SIMCE).

En otras palabras: desde a lo menos 10 años, buena parte de las escuelas y liceos del país han aumentado progresivamente su horario de clases en Lenguaje y Matemáticas. Lo anterior es una tendencia al ascenso desde hace cinco años a esta parte y se debe, a mi juicio, a la tensión que marca la medición anual del SIMCE (más de arrojar datos para el ajuste de las políticas educacionales, el SIMCE se ha convertido en una evaluación intimidante para las escuelas y liceos que, ven todos los días, como se toman decisiones asociadas a los resultados SIMCE en el nivel del establecimiento escolar: incentivos o castigos, proyectos, bonos de excelencia para los maestros, Etc.). No nos ocuparemos ahora, en estas breves líneas, respecto del impacto real del SIMCE en el sistema escolar chileno.

Volvamos a la decisión de aumentar horas de clase en una asignatura singular en la esperanza de mejorar resultados de aprendizaje:

Las escuelas y liceos que han aumentado su horario de clases de Lenguaje y Matemáticas en su plan de estudios, en el contexto de la Jornada Escolar Completa en Chile ¿han mejorado sus desempeños medidos, por ejemplo en el SIMCE?
La respuesta a la pregunta precedente es, mayoritariamente, negativa: a pesar de aumentar tiempo semanal de clases a las asignaturas de Lenguaje y Matemáticas, las escuelas y liceos tienden a mantener sus puntajes históricos en mediciones estandarizadas a nivel nacional (lo que no quiere decir que no hayan tenido progresos en otras áreas, no ponderadas en las mediciones tipo SIMCE).

La evidencia internacional y nacional nos enseña que, si deseamos progresar significativamente en ciertas áreas del currículum, es necesario orquestar un esfuerzo mayor que el simple crecimiento de horas vinculadas al sector señalado.

Un esfuerzo mayor ha de entenderse como un diseño del currículum mejor planteado (contenidos y sugerencias didácticas más armónicamente expresados en su secuencia de aprendizaje y con alternativas metodológicas pensadas para una sala de clases ordinaria, con recursos limitados y con estudiantes y docentes dables de hallar en la realidad de un aula en cualquier parte del país, no una mera entelequia pedagógica irrealizable).
No podemos referirnos, desgraciadamente, a los esfuerzos planteados en el párrafo precedente, porque la reforma curricular anunciada por el gobierno del presidente Piñera, a través de su Ministro de Educación, se trata de una información compartimentada, no dispuesta hasta ahora al alcance del grueso público que, es todo el resto del país que no se encuentra entre el pequeño grupo de profesionales que diseñó la propuesta curricular del Gobierno o del Consejo Nacional de Educación que la evaluó.

Nos hacemos esperanzas que se trate de una propuesta curricular que vaya más allá de aumentar horas de clase semanal para las asignaturas citadas y que se haga cargo de los elementos de fondo: elección de los contenidos de acuerdo al nivel, secuenciación didáctica de los mismos, estado del arte, proposición de actividades pedagógicas asequibles, aseguramiento de los medios necesarios y suficientes para garantizar el aprendizaje, políticas de perfeccionamiento al magisterio realizables en el corto plazo y con el nivel de calidad adecuado, sugerencias de evaluación que den confianza al sistema educacional del país y a la escuela y, sobre todo, que sea una alternativa curricular mejor que la que queda sin efecto motivo de la iniciativa gubernamental en comentario en estas líneas.

Es relevante, también, ver cómo ha reaccionado el sistema escolar chileno cuando se le han dado algunas posibilidades de creatividad curricular asegurando los medios mínimos necesarios (entiéndase financiamiento estatal): la ley número 19.398 de Reforzamiento Educativo, consideró, el año 1995, la posibilidad de financiar más horas de clase semanal durante tres meses en el año a los estudiantes en riesgo de reprobar curso (usualmente las asignaturas involucradas eran Lenguaje y Matemáticas, entre otras). La ley estableció un máximo de seis horas semanales en horarios alternativos al currículum ordinarios para los estudiantes favorecidos, los que deberían ser atendidos en grupos no superior a 20 alumnas y alumnos, con medios didácticos apropiados y apoyos pedagógicos docentes planeados y supervisados. Pues bien, los estudiantes implicados, que trabajaron en condiciones mejoradas, en su mayoría alcanzaron la meta: mejoraron su aprendizaje y pasaron de curso.

No decimos que la ley de Refuerzo Educativo, en ejemplo sea un ejemplo del currículum ideal, decimos que si el currículum no contempla todos los factores, no será un apoyo real al aprendizaje de los y las estudiantes.
La ley de Jornada escolar Completa, en su momento también consideró el financiamiento requerido: más horas a financiar por el Estado en todas las escuelas públicas y privadas subvencionadas (ocho horas más en educación básica y 9 horas más en educación media, de 30 y 33 horas semanales a 38 y 42 como mínimo a la semana, correspondientemente en educación básica y media). También, de manera adicional, la ley curricular (la reforma curricular) de Jornada Escolar Completa consideró el financiamiento requerido para invertir en la infraestructura educacional y los equipamientos necesarios que hacía falta, versus un mismo centro escolar sin jornada completa y con jornada completa, o sea: se pensó en los recursos económicos que suponía aumentar las horas del currículum y la infraestructura y equipamiento asociados a ese esfuerzo.

Las dos leyes citadas fueron una iniciativa gubernamental, pero para su materialización fue necesario el debate nacional y parlamentario del caso, como es debido en una república que se precie de democrática.

Por otra parte, por regla general, es valioso en una democracia compartir estas importantes decisiones (hablamos de una reforma curricular que afectará las aulas de clase de todo el país) antes que sean un hecho educativo al cual han de ceñirse todos, alumnos y estudiantes, como una prenda de ropa no elegida, a la fuerza, y, con el riesgo que no calce, desarmonice el conjunto o, peor, deje a la intemperie partes vitales del cuerpo y cojamos una pulmonía al poco andar, creyendo que estábamos tan bien vestidos.

Usualmente en temas curriculares (y en casi todos los temas) las opiniones divergentes hacen mucho bien y dan el pie firme que se requiere a la hora de proponer una reforma educacional, por humilde o ambiciosa que ésta pretenda ser.
También es un error de fondo pensar que sólo se aprende a leer comprensivamente en la asignatura de Lenguaje o, que la Matemática está condenada sólo a verse expresada en la asignatura del mismo nombre.

Cuando tengamos el menú completo, propuesto por el Gobierno al Consejo Nacional de Educación, podremos comentar más y mejor. Hasta ahora, lamentablemente, no podemos sino conjeturar.

Nada más un final comentario: la ley de presupuesto nacional 2011 para el Ministerio de Educación, propuesta por el Gobierno al Congreso Educacional no considera ningún ítem para el servicio de la reforma curricular en contexto (por ejemplo: dotación de bibliotecas a las escuelas y liceos, perfeccionamiento docente, material didáctico específico para Lenguaje y Matemáticas, Etc.), esperamos que no sea un indicador del valor asignado a la iniciativa pedagógica por el Ministerio de Educación.


21/11/2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...