domingo, 31 de octubre de 2010

La escuela de la infancia pobre

El anuncio de Joaquín Lavín de prolongar diariamente la “vida útil” de las escuelas entre las 17:00 y 20:00 horas fue recibido con el aplauso general de la clase política. Era el mes de julio de 2010, y el ministro de educación señalaba que “ese plan apunta al corazón de lo que tenemos que hacer, porque tiene que ver con alternativas al tiempo libre y tiene que ver con refuerzo escolar. Por lo tanto nosotros queremos partir a la vuelta de las vacaciones de invierno y estamos por definir en conjunto con el ministerio del interior cuáles van a ser esos 20 barrios”. Ni derecha, ni centros, ni izquierda, ni apolíticos, ni menos aún los institutos de investigación educativa y universidades, tuvieron un palabra de análisis crítico acerca de la medida, y el silencio de estos meses aparece como un ejemplo más de una fractura social más arcaica. Las voces críticas se distrajeron con las polémicas luces de los semáforos SIMCE, y agotadas abandonaron una vez más a la niñez y juventud más pobre.
Hace ya casi 20 años tenemos en Chile políticas educativas focalizadas en las escuelas y liceos más pobres, sin embargo ellas nunca han sido objeto de discusión pública. Programas entre los que se encuentran: el de las 900 escuelas, Escuelas Críticas, Liceo Para Todos, Liceos Prioritarios, Escuelas Prioritarias, y hoy todo se está sintetizando con la Subvención Escolar Preferencial. Las escuelas pobres han recibido recursos de distinto tipo, pero el mediático discurso político las olvida, como también lo hacen los actores escolares. Además de los programas ministeriales, nuestra infancia pobre es “atendida” por las iniciativas del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE), ONGs, Iglesia Católica y otros. ¿Por qué se elige intervenir los fragmentos menores de la pobreza?
El texto de Lavín, recién citado, se encuentra dentro de un artículo alojado dentro del Mineduc que se titula: “Ministro Lavín presentó nuevos resultados sobre el consumo de drogas en escolares”, en el cual el ministro se limita a reconocer los problemas del aumento del consumo de pasta base y cocaína en las escuelas municipales, y es ante este diagnóstico que aparece la idea de extender la apertura de las escuelas hasta las 20 horas. La niñez y juventud más pobre es objeto de política pública –no así la niñez y juventud de clase media o alta- porque de ella es de quien se desconfía. Porque un niño pobre en la calle es un potencial ladrón, una joven pobre es una potencial prostituta… mientras un joven pobre… un posible traficante o adicto. Ellos y ellas son “los sospechosos de siempre”. El Estado y otras instituciones parecen operar más bien bajo una lógica neo-caritativa –compatibilizando la acumulación de la riqueza y un manejo de la culpa a través de los donativos-, que buscando principios de justicia e igualdad.
La desconfianza hacia el mundo de los y las pobres está a la base de todas las políticas educativas del Estado chileno, escondiéndose tras una apariencia de objetividad estadística. No es acaso una curiosa casualidad que los peores puntajes del SIMCE, PSU, y cuánto indicador se cree, castigue siempre a las escuelas más pobres, marginándolas. La excelencia de la oferta se distribuye en la misma dirección que los ingresos económicos, mientras los riesgos y los peligros en una relación inversa. Las escuelas abiertas ad eternum no son más que una muestra de un acuerdo de la clase político-económica dirigente que, ni siquiera con un poco de creatividad, se niega a crear condiciones de igualdad para nuestras niñas, niños y jóvenes.
En lugar de generar servicios comunales para nuestra infancia y juventud más pobre, que permitan dar nacimiento a una educación extra escolar, se les entrega más de lo mismo, en una sobre saturación del espacio escolar. ¿Qué diferencia existe hoy entre una escuela de barrio pobre y un reformatorio?
Es la institucionalización de la pobreza.
La educación del pobre no importa en el Congreso Nacional, no es la educación de sus hijos e hijas. La pregunta que queda por hacernos es cuándo empezaremos a indignarnos… y para quienes ya lo estamos, cuándo romperemos este silencio.

Jorge Inzunza H.
Campinas, 31 de octubre de 2010

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...