sábado, 14 de agosto de 2010

La Iglesia sin canal

EL ASUNTO hay que ponerlo en perspectiva. La Iglesia seguirá disponiendo de EWTN (el de la Madre Angélica) y "La Voz de María" desde República Dominicana, dirigido por el "Padre Chelo bajo la guía del Espíritu Santo", como reza su página web. También sigue habiendo UCV Televisión, la red más antigua del país. Con todo, haber tenido que desprenderse del control del Canal 13 y, así, de un tentáculo potentísimo desde donde se pretendió participar y frenar al cada vez más mundanal y descreído ruido en que viene sumiéndose la sociedad chilena, constituye un duro golpe a la Iglesia y su principal universidad.

Respecto de esta última, es una pérdida parecida, si no peor, a cuando la Universidad de Chile se deshizo del Canal 9, lo cual confirma un cuadro clarísimo. El modelo elegido en los años 50, el de una televisión con vocación pública no comercial, ha terminado por archivarse sin piedad. El mercado es más fuerte. Y eso que fue desde el "13" donde se inició ese giro, o si no, ¿quién produjo a "Don Francisco"? De ahí que el desenlace sepa tan amargo: uno se acuesta con el vil mercado e inevitablemente amanece mojado.

Era complicada la apuesta en que estaba la Iglesia. Equilibrar su centenaria desconfianza al capitalismo, a la par que se servía de uno de los medios más eficaces y brutales de su avasalladora pujanza, fue un juego trapecista de alto riesgo. Un canal católico que podía llegar a acaparar un tercio de la audiencia y sin tener que pagar impuestos era un fenómeno único en el mundo, y el Vaticano lo tenía más que claro. Cómo se iban a despojar de un doble negocio seguro, propagandístico de fe (aunque a veces no se tradujera más que en una expedita bendición y el angelito de mascota), con ganancias fabulosas producto de abanicos y lentejuelas insinuantes. Monseñor Medina reparó en maldades teologales (contradicciones vitales en lenguaje hereje) mucho peores. El canal por entonces transmitía algo más que el Evangelio y el sermón diario.

Vieja historia que la Iglesia culta sabe de memoria. No era chiste antisemita, aunque sí algo ambiguo, el relatado por Bocaccio, el del judío que tras visitar Roma se convierte porque dónde o si no, entre tanta lujuria, reinaba el diablo, y eso confirmaba la fe. Encontramos la misma idea en Maquiavelo, en Mandeville y su fábula de las abejas, y en el "Fausto" de Goethe. Nadie sabe para quién trabaja; de acciones malas suelen derivarse buenos efectos. Justamente la tesis con que el capitalismo viene legitimándose desde hace siglos, y que puede que justifique, aunque perversamente, que la Iglesia descendiera a los quintos infiernos de la televisión comercial. Por tanto, ¿el que ahora pareciera haberse convencido de que le es más propia una programación espiritual como la del canal de la Madre Angélica o del Padre Chelo significa que la Iglesia ha vuelto a la "recta doctrina"? ¿O será que no había otra solución y la dura realidad fue más fuerte?

Una duda válida. La Iglesia ya antes sucumbió a las malditas circunstancias cuando optó por el más laico Partido Demócrata Cristiano, olvidó al fiel Partido Conservador y cerraron el Diario Ilustrado. Claro que ahí sabemos qué pasó; la Iglesia perdió algo más que el control de un periódico. Complicada cosa pretender jugar al poder y a la fe.

Alfredo Jocelyn-Holt, La Tercera

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