lunes, 9 de agosto de 2010

El neoliberalismo al servicio de la desigualdad: una epistemología “interesada”


La epistemología que sustenta el neoliberalismo está construida a contrapelo de la realidad. Friedrich Hayek afirma que las proposiciones de la teoría económica tienen un carácter universal y necesario afín al de las proposiciones sintéticas a priori, los objetos que constituyen la materia de estudio de las ciencias sociales "no son hechos físicos", sino entidades constituidas a partir de categorías de nuestras propias mentes. Puesto que los principios o leyes económicas no son reglas empíricas, se presupone que tienen, de acuerdo con este punto de vista, tanto independencia como neutralidad, lo mismo en su contenido que en su forma (M. Dobb).

¿No son estas concepciones de una muy clara raigambre idealista kantiana? Proposiciones que el pensamiento económico neoclásico asumió y que están completamente alejadas de la realidad, y cuyos modelos matemáticos se construyen en base a supuestos, en una dimensión fundamentalmente micro. Así, según Zemelman, puede darse y se da un discurso lógico, pero ahistórico, o se convierte en un discurso universalista pero que escapa a las complejidades del momento presente y se torna un discurso teórico que deviene en un meta-discurso. De manera parecida, Alfred Marshall habla de las "verdades económicas tan ciertas como las de la geometría" (en relación con la base teórica del comercio libre).

Por su parte, Milton Friedman construye su epistemología en base a supuestos, al como si, lo cual provoca automáticamente la emergencia de una situación que, ocurra lo que ocurra, es óptima por definición. Bunge dice muy claramente: "Friedman ha conservado el axioma neoclásico de que los empresarios (racionales) actúan para maximizar ganancias, y que lo hacen utilizando toda la información y la previsión necesarias. Pero puesto que esto no es evidente, agrega una curiosa cláusula: nos dice que, independientemente de las premisas neoclásicas sean verdaderas, lo que importa es que las firmas individuales se comporten como si lo fuesen. Por consiguiente, no es necesario poner a prueba dichas premisas para averiguar si son o no verdaderas: lo sean o no, las cosas suceden como si lo fueran".

Lo cual, reiteramos, indica la presencia de un inocultable interés ideológico y político, "no sólo por la franca indeterminación del lenguaje del "como si", que pasa a ver que su primitivo papel heurístico ha sido trocado en una perfecta borrosidad conceptual en la que cualquier desajuste recibe una especie de compensación lingüística en un desarrollo de la técnica de simulación verdaderamente espurio, sino porque, de otro lado, la insostenibilidad empírica misma de la situación descrita, o sea, el hecho de que tal situación no responde ni de lejos a la explicación propuesta, viene a alimentar una radical negación de cualquier género de cognoscibilidad, lo que viene a ser prácticamente una confesión de impotencia científica por parte de algunos teóricos ultraliberales" (Martínez de Velasco).

Tobin señala al respecto: "Una vez aceptado el marco de un equilibrio perfectamente competitivo en el seno de un mercado, ya no hay problema, cualesquiera que sean los resultados que se den dentro de ese marco son óptimos por definición".

Francis Fukuyama sustenta su tesis principal sobre el fin de la historia y el triunfo final de la democracia liberal capitalista en una doblez epistemológica. Como dice Derrida: "Por una parte, el evangelio del liberalismo político-económico necesita del acontecimiento de la buena nueva que consiste en lo que habría sucedido efectivamente (lo que ha sucedido en este fin de siglo, en particular la presunta muerte del marxismo y la presunta realización del Estado de la democracia liberal). No puede prescindirse al recurso del acontecimiento pero como, por otro lado, la historia efectiva y tantas otras realidades de apariencia empírica contradicen ese advenimiento de la democracia liberal perfecta, es preciso, al mismo tiempo, plantear esta perfección como un simple ideal regulador y transhistórico. Según le beneficie y sirva a su tesis, Fukuyama define la democracia liberal unas veces como una realidad efectiva, otras como un simple ideal. El acontecimiento es, unas veces, la realización, otras, el anuncio de la realización".

Así, pues, encontramos en el neoliberalismo una epistemología instrumentalizada y al servicio de intereses políticos e ideológicos concretos: la apología del capitalismo, del individualismo, de la desigualdad, de la necesaria existencia de países, grupos e individuos ricos y pobres.

Gustavo Benites Jara

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