viernes, 23 de julio de 2010

El panel de expertos: fortaleciendo el condicionamiento de los profesores chilenos


“Watson y Rayner escogieron como sujeto a un niño llamado Alberto, hijo de una enfermera de un hospital cercano; fue seleccionado principalmente porque aparentaba ser insensible. Se probaron los miedos de Alberto cuando tenía cerca de nueve meses de edad; parecía no tener miedo ante una rata, un conejo, un perro, un mono, máscaras, algodón o periódicos quemándose. Lo único que asustaba al niño era el sonido inesperado del golpe de un martillo contra una barra de metal producido a sus espaldas. Los ensayos de condicionamiento de miedo comenzaron cuando el niño tenía 11 meses; se sacaba una rata blanca de una canasta y se le ofrecía al pequeño que estaba sentado sobre un colchón en el laboratorio de Watson. En el momento en que Alberto trataba de tomar el animal, uno de los investigadores golpeaba el martillo contra la barra metálica a espaldas del niño. Alberto ‘brincaba de manera violenta y caía hacia adelante, escondiendo la cara en el colchón’ (…). Se necesitaron cinco ensayos más (para un total de siete) para establecer el miedo a las ratas blancas”. En esta pequeña narración que aparece en el texto clásico “Introducción a la Psicología” de Linda Davidoff, se ilustra a los estudiantes de primer año de psicología, las bondades del condicionamiento, lo cual explicaría los misterios de la conducta humana. El positivismo científico llevó a este tipo de estudios con animales y humanos, sosteniendo básicamente que el ser humano se moviliza “ensayando y errando” en una realidad llena de estímulos (a buscar) y castigos (a evitar).

Pero ¿qué tiene que ver esta narración de 1920 con nuestra realidad educativa? Ya desde fines del siglo XIX, Chile había inaugurado la experimentación psicológica ligada a la pedagogía, atrayendo en la época del “embrujo alemán” a una serie de pedagogos y psicólogos de este país, fundándose el Instituto Pedagógico e insertándose una serie de directores/as alemanes a nuestras escuelas. El positivismo dio fundamento a parte no menor de nuestras herramientas pedagógicas, desde las más arcaicas como la palmeta o las horas de castigo a la intemperie, hasta las más elaboradas como la evaluación (las recordadas pruebas de selección múltiple o las de verdadero falso, sus correspondientes calificaciones y clasificaciones del alumnado).

90 años después de aquel experimento de Alberto, el Panel de expertos convocado por Joaquín Lavín “para una educación de calidad” ha realizado más de treinta propuestas para “fortalecer la profesión docente en el sistema escolar chileno”. Esta comisión curiosamente no convocó a las escuelas de Pedagogía, el Colegio de Profesores, los profesores de aula, ni los estudiantes de Pedagogía, sin embargo el Panel osa llamar a debatir y concordar con sus propuestas realizadas. El documento elaborado por dicha comisión consta de 90 páginas en las cuáles, anecdóticamente, abundan palabras como: desempeño, incentivo, estímulo, recompensa, sanción, consecuencias, evaluación y pruebas, y se silencian otras como: derechos, Colegio de Profesores, ciudadanía, participación, y colectivo. La palabra “Estado” aparece 15 veces, y la mayoría refiere a los aportes económicos que entrega.

Detrás de las medidas en principio razonables para alcanzar el loable objetivo de una mejor y más equitativa educación, se esconde una concepción de ser humano que dista mucho del constructivismo de la Reforma Educacional, que creía en un sujeto libre para desarrollar sus potencialidades. Los docentes parecen quedar fuera del ideal. La contradicción básica del documento se expresa a diversos niveles: a) estructural: busca imponer un nuevo consenso técnico sobre la profesión docente (una verdad oficial), sin construir participativamente sus propuestas; b) político: dice promover la autonomía local, sin embargo deposita la elección de directores en los alcaldes, y de docentes en los directores (con acuerdo de los alcaldes), anulando la posibilidad de participación democrática de las comunidades escolares; c) técnico-pedagógico: afirma buscar mayor responsabilización de los docentes y directivos, sin embargo despoja a los docentes de condiciones mínimas de estabilidad laboral –fin del Estatuto Docente-, y no entrega a los directores condiciones para el trabajo y perfeccionamiento colectivo de los docentes de su escuela; d) evaluativo: añade que respeta la diversidad local, lo que fundamentaría el término de la Evaluación Docente estandarizada, pero no critica al SIMCE; e) gestión: cita a los sistemas educativos con mejores resultados en el mundo destacando en el anexo que éstos se basan en la confianza, sin embargo el plan propuesto deposita en entidades internacionales el estudio y rediseño de la formación inicial.

El pequeño Alberto del experimento podría haberse convertido en un buen profesor bajo la lógica de este Panel de expertos. Como bien señala José Cornejo (PUC) lo que se está proponiendo desde hace unos años en Chile, es un docente “escalador profesional” que, agregaría, olvida su pertenencia identitaria a una escuela y a un colectivo docente, para velar por su exclusivo interés en el progreso individual en una carrera docente. Esta propuesta significa una transformación radical en la cultura docente de nuestro país, para instalar la gestión empresarial como modelo de gestión de los recursos humanos en las escuelas, donde el eje articulador es la evaluación, sus premios (promociones e incentivos económicos) y los castigos individuales y colectivos (los semáforos rojos, los despidos y los cierres de las escuelas). Alberto debe aprender a temer a la evaluación y atenerse a las consecuencias.

El informe del Panel apunta a un tema fundamental. Nuestros docentes merecen una política educativa (no proyectos) que los fortalezca, pero que reconozca el protagonismo esencial que tienen que asumir las Escuelas de Pedagogía, la opinión crítica y propositiva del Colegio de Profesores, la participación de los estudiantes de Pedagogía, y la deliberación de los profesores y profesoras que actualmente se encuentran en nuestras aulas. Y para esto el Mercado es incompetente, la lógica empresarial ha servido sólo para provocar una crisis segregadora en el sistema educativo chileno, aunque el Panel sostenga que esta problemática no es suficiente para hablar de crisis.

Una política educativa no debiese intentar domesticar el supuesto salvajismo docente, sino más bien recurrir a su potencial crítico como fuerza transformadora. Muchos de nuestros profesores han sido tristemente adormecidos por las políticas de presión y desconfianza imperantes, no obstante debiésemos devolverles libertad para generar políticas, en conjunto con las comunidades escolares, que recobren sentidos para que en las escuelas se vuelva a aprender con pasión. Además nuestros barrios deben nutrirse de condiciones sociales y ecológicas para superar la privatización de la expresión cultural.

Queremos Escuelas de Pedagogía que crezcan en virtud de su compromiso social, que investiguen y transformen. Queremos creer en la capacidad nacional para generar conocimiento y política pública… Inglaterra o Estados Unidos nos han tenido bajo su alero mediante el Banco Mundial y ahora con la OECD durante décadas y nuestros resultados han sido escasos… es hora de desafiarnos a tomar el destino de nuestra educación en nuestras manos. Queremos mejores condiciones de trabajo en las aulas… que son deseables no sólo para los docentes, sino también para los alumnos/as (no más de 25 por curso, con calefacción, posibilidades de salidas a terreno, apoyos pedagógicos y técnicos especiales). Queremos tiempo libre para docentes y alumnos… las jornadas extendidas, el trabajo intensivo y las pruebas estandarizadas no permiten procesar, ni conocer nuevas realidades en la práctica, ni aplicar lo aprendido, ni divertirse. Queremos trabajo colectivo docente… la soledad del trabajo de aula, debe ser superada mediante la colectivización de la discusión pedagógica, el primer lugar de crecimiento profesional debe ocurrir precisamente en el cuerpo docente. Queremos un Colegio de Profesores que sea capaz de generar propuestas de política educacional, a través de procesos democráticos diferentes a la lógica de las comisiones de expertos.

Necesitamos con urgencia una política educativa de la confianza para superar nuestro miedo a las ratas blancas.

Jorge Inzunza H.
(Programa EPE, U. de Chile; Estudiante Doctorado en Educación UNICAMP)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tus comentarios en Versus...