sábado, 10 de abril de 2010

La evaluación docente: ¿formación colectiva o presión neoliberal?


En el Chile post terremoto, el debate educativo parece haber desnudado la pobreza de visión de política educativa de un Estado que, hace largos años, omite realizar procesos democráticos de discusión sobre “lo fundamental” en educación. En este sentido, se cae en el inmediatismo y urgencia que no dejan ver el conjunto (el sistema educativo chileno).


El reciente Editorial de El Mercurio (8 de abril de 2010) cae en esta misma lógica que acompañó a los gobiernos de la Concertación, y que sigue siendo protagónica en la administración neoliberal de Sebastián Piñera. En dicho Editorial se trata la propuesta del gremio docente de suspender la aplicación de la Evaluación Docente y del Sistema de Medición de la ¿Calidad de la Educación? (SIMCE). Se citan algunas críticas que ha tenido la Evaluación Docente en términos de ser una evaluación que sólo sirve para “detectar los casos más extremos de incompetencia y de facilitar su corrección”, que hay pocos incentivos para quienes para los que rinden bien la prueba, que la evaluación debiese estar a cargo de los directores de escuela, y que todo en realidad, tiene su raíz explicativa en la mala formación docente inicial. Por último, alaba la existencia de la evaluación que debe “perfeccionarse” y superar las rigideces del Estatuto Docente, sin mencionar cuáles serían esos perfeccionamientos, ni cuales las rigideces.

El editorial cae en superficialidades que asombran, y que pecan de falta de rigurosidad y mirada histórica. Si interpreto bien al director, las evaluaciones son buenas, porque permiten controlar e incentivar a los profesores/as, lo cual tendría un impacto directo en la calidad de la educación, entendida como mejores resultados en el SIMCE.

A este respecto hay algunas consideraciones que conviene establecer. La Evaluación Docente nace como una necesidad desde el mismo Colegio de Profesores, que el periódico crítica como reaccionario a la evaluación, en el Congreso Nacional de Educación, organizado por el Colegio el año 1997, pensando en un tipo de evaluación no estandarizada, sino en una que fuese capaz de aportar al desarrollo profesional docente en el contexto de una carrera docente –inexistente hasta nuestros días-. El gremio se integró a trabajar en conjunto con el Ministerio de Educación y Asociación Chilena de Municipalidades, y organizó jornadas de reflexión y consultas nacionales, logrando estructurar el “Marco para la Buena Enseñanza”, documento que especifica cuatro dominios, veinte criterios y setenta indicadores. Desde el 2003 se aplican estos instrumentos, y el Colegio ha seguido hasta nuestros días aportando con observaciones y correcciones al proceso. Este proceso participativo y responsable por parte del gremio docente, ha sido destacado por la UNESCO como único en América Latina, y que se distingue positivamente delante de otros países, que lamentablemente se han quedado en simples pruebas de conocimientos estandarizadas, con falsas asociaciones entre el rendimiento de los docentes y el de los alumnos/as. Cabe señalar que ningún otro sector socio-profesional en Chile ha construido en conjunto con el Estado una evaluación. A mi juicio este es un valor inherente a nuestra evaluación docente.

Pero la evaluación docente está lejos de asegurar una mejora educativa. Y esto lo prueban los innumerables estudios sobre factores que inciden en los resultados de aprendizaje. En general podemos señalar que las investigaciones destacan que una buena educación está dada por características positivas del contexto macro (políticas educativas con una visión de conjunto, políticas sociales universales que tienen a superar la desigualdad económica y social, distribuciones del ingreso más igualitario, mantenimiento de fuertes sistemas públicos de educación), contexto meso (coordinación de escuelas primarias y secundarias, apertura de opciones diversificadas y flexibles para el alumnado, incentivo a la alta calidad de insumos materiales para todas las escuelas), y contexto micro (democratización de las escuelas, reducción del tiempo docente en aula y favorecimiento del trabajo docente colectivo, ampliación de la oferta curricular hacia una formación integral en la misma escuela y en la comunidad, participación de la comunidad en las decisiones locales). Pero de esto, El Mercurio no nos dice nada. Las políticas neoliberales se han restringido a considerar la evaluación, el principal canal de mejora de las escuelas, sin “VER” realmente a las escuelas, en sus realidades cotidianas. Quizás esta mirada es la principal “rigidez” que debiésemos desterrar de nuestro sistema educativo. El perfeccionamiento de la evaluación docente debiese estar en la generación de mejor condiciones para que nuestro profesorado pueda compartir y aprender de sus experiencias de evaluación, hoy restringidas muchas veces a sus fueros individuales, desalentando la constitución de colectivos, y no acompañando el proceso con mayores y mejores oportunidades de formación en las escuelas. Esto sería comenzar a pensar mejor la evaluación docente formativa de Chile.

Jorge Inzunza H.

Programa EPE- FACSO Universidad de Chile

Páginas de interés:

http://rinace.net/riee/numeros/vol1-num2/art13_htm.html

http://blogs.elmercurio.com/editorial/2010/04/08/evaluacion-docente-1.asp

http://unesdoc.unesco.org/images/0015/001529/152934s.pdf

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