lunes, 21 de diciembre de 2009

El fallido apocalipsis de la educación pública


Todos miraban al cielo, esperando que pronto el cielo se oscureciera, y cayeran los pedazos de meteorito iniciales… luego vendría el más grande que provocaría la catástrofe. Las mareas se elevarían y arrasarían con las ciudades, la explosión provocaría un cambio climático irreversible… una especie de noche que duraría siglos. Eso se esperaba, mientras Bruce Willis y sus colegas de una plataforma petrolera intentaban detener el feroz avance de la gran piedra estelar.


Como si estuviéramos en la peor de las películas de Hollywood… de esas que inevitablemente vemos, porque hay algo de morbosidad, algo de oculto placer en ver la destrucción prometida por los directores de cine estadounidenses… así vimos hace muy poco los augurios nefastos, encabezados por la misma Ministra de Educación, relativos al desempeño posible de la educación pública en la Prueba de Selección Universitaria. Decía que era probable que los alumnos y alumnas no rindieran porque sus profesores habían estado en innumerables movilizaciones, de paso, según ella, injustificadas y atentatorias contra el derecho a la educación. Y claro, el recuento es dramático… podemos contar: la Revolución Pingüina del 2006 que cuestionó las mismas bases del sistema de segregación educativa de la dictadura; las nuevas protestas y tomas de colegios por parte de los secundarios el 2007; el llamado a boicot del SIMCE de los padres y apoderados en el 2008; las protestas docentes por el pago del bono SAE del 2009; además de aquellas marchas y declaraciones contra la gatopardista Ley General de Educación del 2008 y 2009.



En resumen, el análisis cuantitativo y económico pronosticaba una debacle… por muchos esperada y deseable de la educación pública (¿es lo que le gustaría a la Ministra?), que se manifestaría en los resultados de la PSU 2009. Sin embargo, el Instituto Nacional, un liceo antiguo, público, enorme y que selecciona a sus alumnos, consiguió 29 puntajes nacionales, recuperando sus cifras históricas, y con gran ventaja sobre la educación privada. Es curioso pero al criticar año a año a la educación pública, siempre salen a la luz los puntajes de la PSU de la educación privada, pero omitiendo los resultados de la particular-subvencionada, la cual no destaca mayormente. La educación privada representa al 8% de aquellos que pueden pagar más de $150 mil por su educación, y que cuentan con una buena parte de las variables extraescolares que ayudan a obtener buenos puntajes (altos niveles socioeconómicos y educativos de los padres y madres; libros, revistas y diarios en el hogar; acceso a la alta cultura; etc.). ¿Por qué comparar al 92% de nuestra población con este escuálido 8% de la clase económica más elevada? No es justo ni procede. Sin embargo ese 8% colma los primeros lugares de los cupos de las universidades tradicionales o públicas -al menos las de la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Chile-, dejando lo que resta a las otras clases económicas.



Pero en esta pequeña navegación reflexiva, y un tanto desordenada, quiero volver al caso del Instituto Nacional. Fue este uno de los liceos que estuvo mayor tiempo en paro durante estos últimos cuatro años. Los alumnos de primer año medio vivieron en plenitud la Revolución Pingüina y siguieron movilizándose hasta hoy, apoyando también a sus profesores y profesoras en sus demandas de este 2009. Y es que la generación 2009 de nuestros liceos públicos han obtenido un aprendizaje fundamental, no contenido en los libros ni en las páginas de los medios de comunicación… han aprendido que una buena educación para cada uno/a depende de la que seamos capaces de defender para todos/as, y ello está contenido en la esencia de lo público... Nuestro Estado debiese recuperar aunque sea un poco de esta energía de nuestros estudiantes, y superar este triste énfasis portaliano, privatizador e individualista que habita en los discursos y acciones de nuestros funcionarios, técnicos y políticos, que parecen esperar simplemente la catástrofe.



Jorge Inzunza H.



Programa EPE – FACSO



Universidad de Chile

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