miércoles, 21 de octubre de 2009

Mejor no hablar de ciertas cosas… Derechos humanos en Chile

El 28 y 29 de diciembre, los titulares de El Mercurio, y su versión de la hora de almuerzo La Segunda, destacaron el surgimiento de casos de “falsos detenidos desaparecidos”, lo cual era admitido por el gobierno. No se puede evitar sentir una extraña sensación de malestar que me cuesta precisar, y que tal vez en esta columna puedo explorar. No pude evitar pensar en el “Diario de Agustín” y el permanente silencio que hoy guarda El Mercurio respecto a su participación en el encubrimiento de los asesinatos perpetrados durante la dictadura. Como bien aprendí por ahí en alguna clase que: “todo lo dicho, es dicho por alguien”, lo cual no es otra cosa que asumir que no podemos desprendernos de nuestras ideologías y biografías cuando emitimos un juicio u opinión, pensé que cuando El Mercurio mezcla las palabras FALSOS + DETENIDOS DESAPARECIDOS se estaba diciendo en realidad que los detenidos desaparecidos nunca existieron. Entonces recordé mis años de liceo en los 90 y cuando una y otra vez, mientras se elaboraba el Informe Rettig, los dirigentes de la derecha defendían el golpe y las “medidas necesarias” del estilo “solución final” para exterminar el “cáncer del marxismo”. Nada es inocuo y seguimos actualizando una y otra vez el dolor de la violencia.

Recuerdo las posiciones más o menos neutras de quienes están cansados del “quedarse en el pasado”, como si recordar impidiera avanzar. El Informe Valech fue acompañado de un silencio y un vacío desgarradores… por primera vez escuchamos los detalles de lo que las Fuerzas Armadas y de Orden fueron capaces de organizar para asesinar y desaparecer personas. Esta realidad se impone como la esencial, la innegable, la fundacional. Hoy nadie puede dudar que esta realidad existió: tampoco El Mercurio, y es quizás esto lo que molesta de ese titular. Porque cuando se habla con esta asepsia de la violación de los derechos humanos, se amplifica el acto violento, se es cómplice.

Es así como en el mundo al revés, hoy, Alberto Cardemil, ex ministro de Pinochet y actual diputado, condena a un profesor de historia de Santiago por tratar a la Junta Militar como “pandilla de criminales”, accediéndose a tramitar un sumario contra el docente: ¿esta es la Justicia? Hay que aprender a nombrar, a decir las cosas por su nombre, y evitar esta política del “mejor no hablar de ciertas cosas”… y alguien que comete un crimen es un criminal.

Jorge Inzunza H.
Programa EPE, FACSO U. de Chile

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