miércoles, 21 de octubre de 2009

Entre el mouse y el cuerpo: el encandilamiento de la política educativa

La musculatura de los dedos índices y pulgares debe estar en franco desarrollo. Chile dice estar actuando y superando la llamada brecha digital, donde su principal desafío es que el indicador de número de habitantes (y de alumnos/as de la escuela) por número de computadores sea cada vez menor. Si antes fue la televisión o el teléfono celular, hoy parece ser el computador la principal herramienta e indicador de desarrollo del país.

Apostar por aumentar los computadores en el sistema escolar es una medida que se nos presenta como de buen sentido e incuestionable, sin embargo al igual que ha sucedido con el Maletín Literario se adolece de condiciones prácticas para que estas máquinas sean un aporte real. Entre estas podemos citar: falta de apoyo a estudiantes y profesores para trabajar de forma eficiente con los computadores, la discontinuidad de polìticas en esta línea que hacen que rápidamente se caiga en la obsolecencia de la tecnología, la ausencia de guías metodológicas de trabajo, la centralidad en el instrumento y no en el proceso de enseñanza y aprendizaje..., entre otras.

¿Entonces qué hay detrás de estas políticas de compra-venta de computadores para las escuelas? ¿En qué tipo de educación se está pensando? ¿Por qué apostar en los computadores? Son preguntas relevantes cuando se ha puesto en duda, por parte de la política educativa, la idoneidad de los docentes para hacerse cargo justamente de los procesos educativos. El docente con o contra la máquina parece convertirse en una dicotomía útil para entender lo que puede pasar en las escuelas.

Cuando se invierten los recursos del país en que el alumno siga estando sentado en una silla, inmóvil o con movimientos mínimos, desarrollándose en una virtualidad sin mediación, hay una apuesta de (no) construcción ciudadana. Si creemos que los únicos músculos a desarrollar son los de un par de dedos, entonces nos restamos de la posibilidad de formar cuerpos. Es en el cuerpo, en su movimiento, donde se inscribe en primer lugar un aprendizaje emotivo, la primera memoria se desarrolla, no sólo en el cerebro, sino que en la piel y en las sensaciones que el movimiento de huesos y músculos producen.

El computador es un elemento más a considerar. Y creo que es un error pensar que ser más democráticos se mide a través del número de computadores que tengamos. No hay que sucumbir a la moda y al encandilamiento de una pantalla encendida, ella no nos hará más aptos para conducirnos en una relación social. Sin duda debemos reconocer que sí nos dará datos importantes que, en una democracia “tutelada” como la nuestra, nos permiten acceder a informaciones ausentes de los medios de comunicación. Los computadores nos servirán si, y sólo si, se convierten en una ayuda para levantarnos de las sillas, y producir acciones y movimientos, sólo en esa medida probaremos que algo se ha aprendido.

Jorge Inzunza H.
Programa EPE, FACSO U. de Chile

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