miércoles, 21 de octubre de 2009

El hijo del hormigón

Hace una semana, una vecina se asomó a uno de los balcones del edificio y gritó con fuerza hacia el frente: “Inconscientes!, Miren la polvareda que levantan!”… unos minutos mas tarde, otra vecina se sumo a la desesperación: “Mojen al menos!”. Desde agosto de 2007 hasta hoy, se han completado 16 meses de construcción de un nuevo edificio en el barrio Santa Isabel… y aquellos gritos, son aquellos que nacen de la profunda y amnésica voz de la ciudad de Santiago.

La destrucción y homogenización en altura del centro de la capital, contrasta con el celo con que se conservan muchas ciudades de provincia o del resto del mundo. Como todo, la ciudad registra en cada calle, casa, plaza, vereda y muro, el paso de los años, de la vida e historia de un pueblo. Por consiguiente cada buldózer, grúa y martillazo, representa la inconsciente maquinación sobre nuestros recuerdos.

La guerrilla visual está desatada. Cada edificio despierta imágenes dormidas. Los murales crecen al mismo ritmo que las propagandas de piscinas en el último piso, gimnasios, logias, wi fi, aparatos de purificación de aire… El mural se opone con su energía viva, creativa y pasajera a la caída de las viejas y hermosas casitas de un piso.

El ruido invasor del negociado de la destrucción de las empresas constructoras, que de seguro se han encargado de tratar bien a las autoridades municipales, se ha transformado en el latido diario entre 8 y 18 horas… y sólo de nuestra aspiración de barrio nos quedan los escombros, polvo… calles ensanchadas, mayor hacinamiento automovilístico… y plazas publicas abandonadas que compiten frente a los patios privatizados de las “Comunidades”.

Creo que debemos pensar la ciudad y su crecimiento a escala humana. Los vecinos, y mis vecinas en particular que ya no tendrán sol durante las mañanas, tienen mucho que decir ante estos nuevos proyectos. Como siempre la democracia podría ser un buen remedio ante la desmesura lucrativa.

Jorge Inzunza H.
Programa EPE, FACSO U. de Chile

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