sábado, 17 de octubre de 2009

El cuarto poder. El Mercurio al desnudo

El Cine Arte Normandie ha decidido interrumpir su programación habitual para exhibir hasta cuatro veces al día el documental chileno “El diario de Agustín”. Sin filas ni el olor a aceite impregnado en las alfombras de las cadenas de cines, mostré mi credencial de “Amigo del cine arte”, y por mil pesos nos sentamos en las viejas butacas del cine a ver un documental que de seguro debe pasar a formar parte de nuestra historia crítica de Chile. En este excelente trabajo del ICEI de la Universidad de Chile se muestra con objetiva crudeza las operaciones de desinformación y montajes del periódico más poderoso de Chile: El Mercurio, también conocido popularmente como El Perjurio.

Los consensos “inventados” e impuestos por la clase política se destiñen como “El gorro de lana” cuando se nos revelan bajo la superficie frases como las de Álvaro Puga diciendo que “matar comunistas era una necesidad biológica de los militares”, o la del mismo Agustín Edwards que inconmovible aconseja a los familiares de los detenidos desaparecidos de Chile que “tengan fe, que lo que les ha pasado es algo positivo”.

Fue inevitable asociar una imagen que recuerdo vagamente de mi infancia y el secuestro de Cristián Edwards, el hijo del poderoso dueño de El Mercurio. Vivía en San Miguel y llegaron a la casa los carabineros o los militares, no recuerdo bien, y entraron a buscar a Cristián Edwards. Así lo hicieron en todas las casas del barrio. Nunca el Estado de Chile ha realizado una búsqueda de la misma envergadura para buscar a los detenidos desaparecidos de la dictadura, trabajo que ha debido hacerse a pulso y sin la plena cooperación de las fuerzas armadas.

Como bien señala el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales Manuel Antonio Garretón, El Mercurio no ha podido y no podrá desligarse de su pasado y presente golpista, conservador y antidemocrático. Edwards fue protagonista de la desestabilización del gobierno de Allende, contó con el financiamiento de la CIA, calló ante el cierre de los medios de comunicación de la “competencia”, participó de montajes para ocultar la tortura y desapariciones de la dictadura, y hasta hoy no ha reconocido ninguna de sus acciones.

En estas breves líneas quiero subrayar la necesidad de seguir profundizando el conocimiento del rol que diferentes actores tuvieron en la violación de los derechos humanos, hoy este documental constituye un aporte en esta dimensión, realizado por una generación joven que necesita unir las piezas del rompecabezas.

El Mercurio no puede seguir siendo el periódico de “referencia” de Chile, al igual que en la televisión, necesitamos alternativas de medios críticos y ciudadanos, y esto hay que inventarlo.


Jorge Inzunza H.
Programa EPE, FACSO Universidad de Chile

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