miércoles, 21 de octubre de 2009

Deuda histórica a los profesores: ¿De cuánto estamos hablando?



Anoche en una agradable y profunda conversación posterior a la exhibición de los documentales “Desde la nada” -Chile- y “El sur también existe” -Argentina- (de la Muestra de Documentales de Educación en curso), me rondaba todo el tiempo la palabra “deuda”. Hablamos durante una hora sobre la educación pública y cómo ha sido abandonada por el Estado, culpando a profesores, alumnos y familias por los malos resultados que aparentemente se tienen. Chile a diferencia de Argentina, y de la mayor parte de los países con los cuales nos comparamos, no protege constitucionalmente la educación. El poder ejecutivo en Chile no reconoce ningún tipo de deuda con los docentes, y por consiguiente, con la educación en general.

El examen de los documentos que el gobierno ha realizado en virtud del ya viejo reclamo del Colegio de Profesores de la “deuda histórica”, deja una sensación amarga. Es imposible no sentir el pecho apretado cuando los representantes del Estado chileno (el poder ejecutivo específicamente), que se dicen demócratas, defienden una vez más los decretos de la dictadura, poniéndolos por sobre las funestas consecuencias que tuvieron sobre los distintos actores sociales. Bajo el poder de Pinochet se violaron no sólo los derechos humanos, sino que también se traicionó una construcción de Estado que pretendía defender los “derechos” sociales. Hoy todos ellos se venden, y nos acostumbramos peligrosamente a esa idea.

Si hoy nos bajaran el sueldo a un tercio, que fue lo que ocurrió en 1973 con los docentes, nos negaran los reajustes salariales (1981), sacáramos las cuentas luego en 1990 que nuestro salario sólo es un 28% de lo que ganábamos 17 años antes, creo al menos tendríamos dos esperanzas respecto al nuevo gobierno democrático: que nos subieran el sueldo, y que se revisen las arbitrariedades de la dictadura. De esto sólo se ha hecho lo primero, y la ministra plantea casi que los profesores deben darse con una “piedra en el pecho”, y que respecto a la deuda, mejor que se olviden, porque eso no existe. Triste. Es triste que se niegue una realidad histórica, y el sufrimiento acumulado por años. Porque la deuda histórica no consiste sólo en los 5,2 billones de pesos… hay algo que no se dice, que cuesta verbalizarlo, porque es la vida misma la que se expone.

Para aquellas profesoras, porque hay que decir que la mayoría son mujeres, debieron trabajar el dos o tres jornadas, abandonar a sus familias, y enfrentar el deterioro de la educación pública de la dictadura (que se expresó en la baja de recursos económicos para las escuelas, el envejecimiento de los edificios, la pérdida de relación ciudadana con la figura del Estado). Y en democracia tuvieron que enfrentar la desilusión de no volver al Estado, el respeto irrestricto a las normativas de la dictadura (LOCE, subvención por alumno, municipalización), y la imposición de políticas educativas en las cuales no participaron como actores fundamentales para la construcción.

La deuda se refiere a la marginación de los docentes. No es de extrañar entonces que las respuestas del gobierno sean arrogantes y llenas de verborrea legal… en eso nuestros gobiernos han sido especialistas. La deuda con los docentes es deuda con nuestros estudiantes, y no debemos aceptar el chantaje mediático, donde se señala que para pagar esta deuda se deben sacar recursos de otros ítems de educación. Si el gobierno vende en el extranjero una imagen de corrección y buen manejo de la crisis, que pague sus deudas ahora, y que no espere que nuestras maestras mueran con las paupérrimas jubilaciones que les entregan las AFPs.


Ver sitios relacionados:

CENDA http://sites.google.com/a/cendachile.cl/cenda/

Colegio de Profesores http://www.colegiodeprofesores.cl/

Jorge Inzunza H.
Programa EPE – FACSO U. de Chile

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