sábado, 17 de octubre de 2009

Consecuencias de la LGE: educación pública sitiada

Jugando a la ciencia social ficción de extrapolar nuestros síntomas y realidades del presente hacia un futuro no muy lejano, podríamos afirmar que con la amenazante aprobación de la LGE estamos formando una generación de inadaptados sociales. Lejos está aquel faro nórdico que sostiene que la equidad en educación es un parámetro fundamental de la calidad, donde se ha comprendido técnica y políticamente que el progreso del país es posible solamente si creemos en el desarrollo de los potenciales de todas y todos. Chile, lejano a esta filosofía, ha creído que es la competencia descarnada es la que permite el desarrollo nacional. Ya llevamos 34 años de construcción y afirmación de este modelo, y los únicos resultados que vemos se resumen en la fatídica frase de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) que señala que nuestro sistema educativo está “conscientemente estructurado por clases sociales” (OCDE 2004).

El lector más agudo podría, desconfiado y suspicaz, replicar que Chile históricamente ha mostrado este carácter segmentado, donde mientras unos han accedido a una mejor educación -destinada a las clases dirigentes-, otros no han tenido derecho a educarse, o lo han hecho de forma mínima y/o de mala calidad. Cierto. No obstante, tenemos hoy una gran diferencia, el Estado chileno pregona hoy la equidad como un valor de su desarrollo democrático, y ello ha significado continuar aumentando la cobertura del sistema educativo. Sin embargo, al mismo tiempo, al no haberse cambiado la estructura económica que ha implicado que Chile sea uno de pocos países donde el derecho a la educación se expresa en unidades monetarias, la calidad del servicio educativo ha sido “en la medida de lo posible”. (Resulta sintomático que la misma ministra Jiménez, evocando aquella frase de comienzos de los 90, haya sostenido hace pocos días que este proyecto de Ley General de Educación constituía un avance en “la medida de lo posible”).

Pero quiero volver a la tesis que bien podría ser una premisa de trabajo para una obra de Huxley o Bradbury. Lo que hoy algunos -en el poder- defienden como educación provocará y amplificará la ineptitud social de nuestros egresados y egresadas. Mi argumento es simple. Al no reparar en la estructura del sistema educativo, seguimos creando ghettos. Por un lado quienes tienen recursos que nacen y se educan juntos, sin conocer siquiera a otros segmentos sociales. Podemos predecir que estos conducirán empresas y gobernarán tal vez, pero sin haber vivido nunca un servicio público –educación o salud-. En el otro extremo de esta trágica historia, el pobre que nace y se educa en la pobreza, en la ausencia de recursos y en el completo aislamiento de las grandes cifras y de los otros integrantes de la sociedad -lejano y alejado de los beneficios de los servicios privados de lujo-. En el medio de todo, una ancha y móvil clase media que más arriba o más abajo, juega en sus propios ghettos.

La ineptitud social es la consecuencia obvia. El rico, el pobre y el de clase media, se encuentran en la calle desprovistos de todo. ¿Y qué hacen? Yo apostaría que no se reconocerían como integrantes de la misma sociedad, “el temor al otro” -descrito por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en 1998 y exagerado hasta la saciedad por los programas de televisión- se convierte en la emoción de base, para lo cual se pide que el Estado sea el garante de esta Seguridad perdida. Cualquier extraño potencialmente es una amenaza. ¿Y qué tiene que ver esto con la LGE? Mucho, pues en este proyecto no se corrige ninguna de las causas estructurales del sistema de segregación educativa, apoya que las escuelas y liceos estatales sigan su deterioro, sin hacer nada para que las clases medias vuelvan a poner a sus hijos e hijas en los establecimientos públicos creyendo que la segregación es beneficiosa para “salvarse individualmente”.

Pero como hay que ser positivos, tenemos hoy la oportunidad historia para pensar(nos), a pesar de la Urgencia irreflexiva de un gobierno amarrado a intereses minoritarios, para reposicionar una educación pública (del Estado) gratuita, integradora, laica, respetuosa de las diferencias y multicultural. Tal vez apoyándonos en estos principios tomemos una senda para conocernos entre nosotros mismos.

Ps. Jorge Inzunza H.
Programa EPE - FACSO U. de Chile

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